Etiquetado: 100 años Octavio Paz y Julio Cortázar

Instrucciones para cumplir 100 años.

#Cortázar100años

Llegar a un centenario de vida es una hazaña difícil que se sortea exactamente entre durar y vivir. Aquellos que suman 100 años de existencia en su credencial de elector, los años les vienen por añadidura y no por deseo, apreciación personal. Si hace no muchos ayeres celebrábamos a nuestro extinto prohombre de las letras mexicanas en su centésimo aniversario de nacencia, el homenajeado en esta ocasión tampoco circula más (al menos físicamente) por estos lares.  Julio Cortázar recibe la batuta de manos de Octavio Paz para enfrentarse en un tête-à-tête con 100 años cumplidos este 2014, un año de manteles largos para nuestro lenguaje, nuestra literatura y nuestra cultura latinoamericana. Reza el refrán que: ‘Si quieres llegar a viejo, guarda aceite en el pellejo’, pero para sumar 10 lustros en el acta, no hace falta solo eso. Diría yo que si se quiere llegar a un siglo y seguir más vigente que la constitución, hay que hacer lo que hizo el Gran Cronopio, además de alejarse de los famas…

  1. Devenir un trashumante eterno

Por sus venas corría sangre argentina, pero Julio Cortázar vio la luz en la capital de Bélgica el 26 de agosto de 1914 en los albores de la primera guerra mundial. En sus primeros años, el autor de innumerables cuentos pasaría una corta pero significativa temporada en la Ciudad Condal. De ella recordaba, aún de mayor, las formas, colores y composiciones fantásticas que Gaudí esparciera por el Parc Güell barcelonés que frecuentaban regularmente él y su familia en aquellos tiempos. Más tarde regresarían todos a Argentina,  sin embargo, fue París la ciudad que sedujo a Cortázar y donde algunos años después fijaría su domicilio en el número 4 de la Rue Martel en el 10ème arrondissement. La ciudad luz no solo atestiguo el florecimiento de su carrera como escritor; sus calles, sus puentes, sus cafés y sus parisiennes fueron su mayor inspiración para contar historias y emocionar a 500 millones de personas con sus cuentos, cartas, textos y novelas.

  1. Adorar París por sobre todas las cosas

No son pocos los escritores (y los mortales, como uno) que pasan por la capital francesa y no caen rendidos ante sus encantos. Sin ningún ánimo de ser la excepción, el autor de Historias de cronopios y de famas sucumbió ante sus atributos soñándola, escribiéndola y caminándola como un flâneur moderno de Baudelaire. Fue París la trinchera desde la que relató sus mundos y en la que compartió su vida con su primera esposa Aurora Bernárdez  y su gato Flanelle. Cortázar también vivió en Montparnasse y recorría con frecuencia las calles y los cafés de éste, y el barrio contiguo: Saint-Germain-des-Prés en cuyos alrededores transcurre su Rayuela. Los cafés del mismo boulevard, el Pont Neuf, el Pont des arts y los Quais del rio Sena son recurrentes puntos de encuentro entre los personajes de esta, la obra que le otorgo la inmortalidad al escritor argentino.

  1. Cabalgar entre la realidad y la ficción

Los cuentos y las novelas de Julio Cortázar son una mezcla entre realidad y ficción. Un encuentro entre apreciaciones fantásticas y la coherente escritura de su pluma. Eso sí, siempre a partir de lo cotidiano, de la vida diaria, de lo que veía y vivía al pasar de los días.  Decía Mario Vargas Llosa que: «Cortázar detectaba lo insólito en lo sólito, lo absurdo en lo lógico, la excepción en la regla y lo prodigioso en lo banal. Nadie dignificó tan literariamente lo previsible, lo convencional y lo pedestre de la vida humana.»

  1. Andar con cautela y siempre atento

Entre las enseñanzas que nos dejó Cortázar, Rey  Cronopio, figuran las Instrucciones para subir una escalera. «Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incomodas.» La descripción para enfrentar ese suelo que se pliega en ángulo recto para transportarnos a otro nivel es emocionante. La narrativa, sencilla pero detallada, le valió para desconstruir un acto que hacemos todos los días sistemáticamente, sin pensar en el ritmo, la coordinación y el cuidado que conlleva cambiar nuestra persona de nivel.

  1. Ser el más querido de la patria chica

Como no podía ser en otro lugar, el Gabo encontró a Cortázar en París. En el Old Navy: el café en el Blvd. Saint-Germain donde solía escribir el argentino y de cuya presencia regular fue advertido el padre de Macondo.  Precoz admirador del argentino, fue una vez más la capital francesa la que terminaría por cruzar los caminos de estos dos prodigiosos escritores latinos y llevaría a García Márquez a describirlo como el ‘El argentino que se hizo querer de todos’, difícil encomienda entre sus paisanos.  El escritor colombiano escribiría de él: «Los ídolos infunden respeto, admiración, cariño y, por supuesto, grandes envidias. Cortázar inspiraba todos esos sentimientos como muy pocos escritores, pero inspiraba además otro menos frecuente: la devoción.»

  1. Jugar a escribir/escribir jugando

Con 50 años de edad, Cortázar publicó Rayuela en Buenos Aires en 1963. Y el lanzamiento de su novela revolucionó ipso facto el llamado boom latinoamericano. La irreverencia del autor se puso por manifiesto en una época de acalorados e incesantes movimientos sociales: protestas por la guerra de Vietnam, marchas de Martin Luther King por la igualdad de razas en Estados Unidos, los movimientos de liberación en Argelia y el Congo, el movimiento estudiantil de Paris en mayo y el homónimo de Tlatelolco en octubre. Aunque comulgaba con esas ideas, Cortázar desenchufo la política de su prosa y se divirtió escribiéndola transmitiendo ese sentimiento en cada una de las letras de su novela. -Léala usted como mejor le venga en gana- Rayuela es la Maga, Oliveira, Rocamadour, Paris, jazz, espíritus, juventud y eternidad. Cortázar en estado puro.

  1. Frecuentar a tus amigos

El círculo de Cortázar era verdaderamente envidiable. En la página principal de su directorio figuraban sus colegas Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Éste último, aun con una marcada diferencia ideológica, fue buen amigo y admirador del autor de Todos los fuegos del fuego. En sus múltiples dedicatorias para Cortázar recuerda con especial atención un viaje a Atenas que hizo junto a Julio y Aurora para fungir de traductores en 1967. Recuerda lo bien que se llevaban él y la que en aquel momento era su mujer (hoy viuda, albacea y heredera universal del escritor). También era amigo de Borges y escribió para su revista bonaerense en varias ocasiones. Sus amigos lo admiraban

  1. Fumar pipa

La pipa era uno más de los distintivos del Gran Cronopio. La barba, los anteojos, el cigarrillo, la Olivetti, su gato y su trompeta los demás. El tabaco inglés y la elegante pipa que fumaba Cortázar acompañaban su mate porteño y se volverían iconos indiscutibles de un personaje enigmático y divertido.

  1. Viajar en metro

Cortázar lo tenía claro: las ciudades se conocen caminando. Pero las grandes ciudades se reconocen también por su transporte colectivo subterráneo. Ya fuera en el Métro parisien o en El Subte de su (casi) natal Buenos Aires, esos viajes dentro del vagón lo emocionaban. «Hoy sé que el trayecto en ‘subte’ no duraba más de veinte minutos, pero entonces lo vivía como un interminable viaje en el que todo era maravilloso desde el instante de bajar las escaleras y entrar en la penumbra de la estación, oler ese olor que solo tienen los metros y que es diferente en cada uno de ellos. »

Hacen falta mucho para cumplir cien años y no estar vivo. ¡Viva Cortázar!

 

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(Gráfico: basado en una ilustración de http://alvez-art.blogspot.mx/)

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Paz con P de poeta.

(Artículo publicado en Les habitués por Emilio Buenavida en el suplemento FC Gente con Estilo del Diario Provincia. #431 04 de abril del 2014 Ilustración: Octavio Paz por Camilo Restrepo)Image “Ayer está pasando todavía y nunca acaba y nunca llega“

Fue ayer, hace cien años, cuando el bohemio barrio de Coyoacán vio nacer a quien se convertiría en el máximo escritor de nuestra historia y único Premio Nobel de Literatura (1990) que ha dado nuestra tierra. Octavio Paz creció entre los alaridos revolucionarios, la voz liberal de su abuelo y la biblioteca familiar de su casa en la colonia Mixcoac. Sus andanzas a pie de calle le valdrían como inspiración para transformar lo popular en intelectual y dejar escrito, de su puño y letra, inequívocos retratos de nuestra cultura.

Hace 100 años que nació el mexicano más universal, patriota empedernido de la patria de la ñ y guerrero armado del lenguaje y la palabra. Fueron aquellos primeros años al lado de su abuelo Irineo Paz: político, editor y militante de las guerras liberales, los que construirían el ideario liberal que lo llevó a participar en el frente republicano de la Guerra Civil Española desde su propia trinchera: la literatura. Paz viajo a España en un turbulento 1937 por invitación especial de Pablo Neruda para participar en el Segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas. Con este viaje, el poeta dio cuenta que la poesía no tiene ninguna necesidad de ponerse al servicio de una causa revolucionaria y terminaría la relación con el también diplomático chileno Neruda.

Paz fue un gran detonador de sentimientos. No fue solo su obra poética o su contradictorio actuar a lo largo de su vida lo que lo hizo acreedor de fieles admiradores y acérrimos detractores. ‘El laberinto de la Soledad’,  publicado en 1950, se convirtió en el espejo en el que nos miraríamos los mexicanos incluso más de cincuenta años después. La historia de nuestras raíces, nuestras conversiones, debilidades, fortalezas, miedos y gozos fueron retratados por el mexicano con atinada ironía, plasmando en aquellos renglones una realidad innegable causando con ello horror y fascinación entre sus conciudadanos.

Marie-Jo Triannin fue la última mujer del autor y la persona con la que recorrió los últimos caminos de su vida. Pero el autor conoció a su primer amor durante su paso por por la facultad de filosofía y letras de la UNAM. La escritora Elena Garro fue la primera esposa de Octavio Paz y juntos procrearon a Helena Paz Garro, única descendencia del también premio Cervantes de literatura quien murió en la víspera del natalicio número 100 de su padre.

Octavio Paz fue sin duda un personaje controversial. Sus ensayos de política son también referencia ineludible de su acervo literario. A través de ellos, externó su pensamiento comunista del que después se deslindaría pero no con ello su sentido revolucionario considerando la misma revolución como la filosofía en acción. Gran opositor del régimen tricolor, Paz renunció al puesto de Embajador de México en La India durante aquel desdichado 2 de octubre en la Plaza de Tlatelolco. Sin embargo, en los albores del siglo XXI, él mismo recortaría la distancia que tanto había proclamado entre el intelectual y el Príncipe acercándose de manera directa a los últimos mandatarios del septuagenario periodo mexicano.

El escritor, poeta, ensayista y diplomático ensalzo la lengua popular mexicana durante su prolífera carrera. Tuvo a bien describir nuestra manera tan propia de hacer bromas “El vacilón es una especie de pinchazo que desinfla globos públicos y privados. Es una advertencia contra la vanidad y la fanfarronería, contra las posturas excesivas o patéticas”; advirtió nuestra manera de eclipsar personas “El ninguneo es una operación que consiste en hacer de Alguien, Ninguno. La nada de pronto se individualiza, se hace cuerpo y ojos, se hace Ninguno. ’’; Y nos hizo ver, picardía incluida, la diferencia entre un Don Nadie y Ninguno “Don Nadie, padre español de Ninguno, posee don, vientre, honra, cuenta en el banco y habla con voz fuerte y segura… Ninguno es silencioso y tímido, resignado. ’’

Este 2014 es sin duda un gran año para la literatura latinoamericana, en nuestra parte celebramos los 100 años del natalicio de nuestro prohombre de las letras del siglo XX y no es casualidad que en nuestro mismo continente en diferentes latitudes se cumplan, 100 años también, del alumbramiento del enorme Julio Cortázar.

El mismo barrio de Coyoacán, cuna de grandes pensadores y artistas, lo despediría 84 años después en la Casa de Alvarado de la calle Francisco Sosa. Marie-Jó Paz lo acompañaría hasta el Palacio de Bellas Artes donde fue visitado por cientos de mexicanos durante tres días. A tal señor, tal honor.  Y a su encomiable aportación a nuestra lengua, la inmortalidad de su obra. Octavio Paz, nuestro gran promotor de las letras hispanas será mejor recordado por su aportación a la prosa que por sus discursos políticos pero sin duda refrendado el el ideario universal de l literatura como un luchador en pro de la palabra.

“Sin entender comprendo: también soy escritura y en este mismo instante alguien me deletrea.“

Octavio Paz

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