Categoría: Viajes

MUST MUEBLES

MUST MUEBLES

La serie MUST have/know comienza con esta selección de mobiliario cuyo carácter intemporal es sumamente destacable teniendo en cuenta que algunas piezas tienen más de 80 años de haber sido concebidas por sus creadores, algunos de ellos renombrados arquitectos del movimiento moderno del siglo XX. La inclusión del fabricante de dichas ‘piezas de arte’ se cita en el tercer apartado pues la licencia de fabricación de las mismas pertenece a las empresas mencionadas y vale la pena siempre adquirir un producto certificado.

Santana.

En excursión nocturna ex-profeso para probar las famosas Bravas del mítico Bar Tomas barcelonés, subimos (este verano) a lo alto de una de las colinas más conocidas de la Ciudad Condal.  La época del año presumíamos era la razón de encontrar el Tomas cerrado a piedra y lodo. Caminando cuesta arriba encontramos la plaza de Sarriá, este barrio tan conocido de Barcelona congrega vecinos y visitantes de todos lugares en sus calles y en esta, la conocida plaza que lleva el nombre del barrio. La animada terraza estival en la mitad de la plaza nos alentaba a asomarnos dentro de una antigua edificación contigua a la iglesia: una casa señorial del siglo XIV y de clara arquitectura gótica. 
El constate movimiento de meseros, perfectamente uniformados con camisas de divertidos estampados, recibe a la clientela (locales todos) en la barra de la entrada. La decoración del lugar es estupenda: sencilla, fresca y presentando siempre detalles como la madera (presente en todo el proyecto) y las lámparas burbuja que cuelgan del techo. La Hostess, muy amablemente nos recibió y pidió que esperáramos a que se desocupara una mesa lo cual sirvió para observar otros detalles del restaurante como la carta, las bebidas y la clientela. Este es un restaurante de diseño en el que se aprecia el rigor de la creatividad, la identidad y sobre todo el buen gusto. La carta incluye platos de clara influencia mediterránea que combina a su vez con platos tan típicos como el chuletón de buey (exquisito). Detalles como el diseño gráfico total del lugar  y el mencionado uniforme (diseños de una modista francesa) hacen que el lugar adquiera un valor agregado y sobre todo una identidad propia. La cena estuvo muy bien, todos los platillos que probamos fueron todos de nuestro agrado, destacando el arroz con boletus y trufa y el antes mencionado chuletón. El  restaurante pertenece al barcelonés Grupo San Telmo y el diseño interior del restaurante corrió a cargo de la exitosa interiorista catalana Pilar Líbano. En el  sitio web del grupo restaurantero se pueden encontrar más ofertas gastronómicas de primer nivel desde donde nos reiteran, una vez más, la preocupación por el diseño en todos sus proyectos.

http://www.gruposantelmo.com/restaurantes/santana/

http://www.gruposantelmo.com/

http://www.plibano.com/

Crónicas de viaje: Croacia.

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Día 1

Saliendo victoriosos del clima infernal del verano madrileño en vuelo comercial desde Barajas aterrizamos a las 10:25 de la mañana en Dubrovnik.  Lo primero fue encontrarnos con un aeropuerto pequeño del que se disfruta dar el primer paso fuera del avión sobre la pista de aterrizaje. Lo segundo la ‘sanjuaneda’ que hizo favor de darnos en Madrid la casa de cambio en la que adquirimos las Kunas croatas (estaban más baratas en el aeropuerto de destino).

Para comenzar la peregrinación al centro de la ciudad tomamos el autobús que nos llevo hasta la puerta Pile de la ciudad amurallada. Recibidos por una gran oleada de turistas el primer respiro fue de frescura y novedad. La imponente muralla de piedra contrastada con el azul intenso del mar nos puso de buen humor para comenzar la aventura en este, el paraíso, como lo designaría Bernard Shaw. Primer paso: comer. Fuimos recomendados a una terraza en la misma puerta Pile con vistas al mar, Duvravnka. Comimos bien, sin duda lo más valioso del lugar fue el clima, las vistas y el cómodo mobiliario que nos dejaba con un excelente sabor de boca por el cálido trato del mesero en todo momento.

Cold Drinks ponía el letrero clavado en el costado sur de la muralla. Un pequeño hueco enmarcaba la frondosa vegetación tropical y en segundo plano el inmenso mar añil: puro, intenso y brillante.  Al descender la vertiginosa escalera llegamos al oasis, un bar enclavado en las rocas que soportan la muralla con vistas estupendas de la isla vecina y la propia Dubrovnik. Del mismo bar se desciende otra vertiginosa y estrecha escalera hasta llegar al límite del mar con las rocas. La oportunidad de bañarse y tomar el sol en las enormes rocas hace que la experiencia sea absolutamente asombrosa. El color del mar es tan claro que se observa el fondo rocoso y la fauna de la zona y desde este, se contempla la ciudad, la isla y los dominantes muros que algún día sirvieron para proteger la ciudad.

Deseosos de bañarnos esta vez en la playa nos despedimos del idílico paisaje para cruzar el casco antiguo y llegar a una pequeña playa enclavada en el mar Adriático. La ciudad amurallada, de  estrechas calles, piedra caliza, molduras verdes en las ventanas, numerosos arcos y puentes interiores es un paraíso completo. Las sombras son las protagonistas de los pequeños e interesantes rincones presentes por doquier. Los pequeños pasillos y túneles que no son tocados por el sol hacen que los paseos por la ciudad sean más llevaderos en los días de calor. La pequeña playa situada a un costado del casco amurallado nos recibía por la tarde después del fascinante paseo con helado incluido. El club de playa EASTWEST, abierto al público para acoger (previo pago) a los visitantes en sus tumbonas blancas fue nuestro anfitrión. El atardecer desde la playa contemplando el puerto de embarcaciones turísticas se disfruta mientras las olas rompen con las piedras de la playa. Los turistas pronto van dejando el agua para regresar a sus respectivos aposentos y disfrutar más tarde de la noche croata.

Día 2

La avenida principal de la ciudad intramuros se llena de gente con el transcurso del día. Durante las horas soleadas el mármol que cubre el piso de la avenida principal se llena de brillo y la luz que cae desde arriba se refleja sobre el paseo para llena de luz las pequeñas bocacalles aledañas. Después de la hora de la comida y una fugaz visita a la catedral de Dubrovnik tomamos camino hacia el funicular detrás de la muralla para subir la imponente montaña. Las vistas desde el punto más alto de la ciudad son impresionantes. El cambio de color de la ciudad se produce conforme el teleférico asciende: los techos de teja roja se vuelven protagonistas del paisaje contrastando con el azul del mar y el verde de la vegetación. Un grupo de edificios se agrupan adentro de una delgada línea gris: la muralla. Por un lado se divisan a lo lejos las múltiples islas que conforman el territorio y el inmenso mar se antoja infinito desde las alturas. Las vistas bien podrían ser postales, conforme el funicular se acerca al nivel del poblado el color va cambiando una vez más, el rojo de los techos se va desvaneciendo mientras el funicular se sumerge en la basta vegetación como si de una selva se tratara. Después de una tarde más de playa regresamos paseando para disfrutar de las calles, fue así como descubrimos el color ámbar que pinta los imponentes muros en el ocaso. Dubrovnik es una de las ciudades más espectaculares de la costa Dalmacia con sus múltiples matices que fascinan a cualquiera.  Después de una merecida ducha ‘vuelve-a-la-vida’ salimos una vez más por la ciudad para celebrar nuestra despedida de esta fascinante costa del Adriático. Al cabo de un par de copas de vino tinto de la región, nos encontramos con el fascinante palacio del rector cuya fachada renacentista iluminada de manera especial invita al viandante a penetrar en el interior. La experiencia, aunque breve, fue estupenda. Una gran escalera de corte gótico protagoniza el patio interior flanqueado por una arquería corintia del periodo de dominio veneciano de la ciudad. Por la noche iluminación de la ciudad está perfectamente cuidada y la afluencia de turistas hace que la ciudad se sienta viva.

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Día 3

Desmañados para continuar con el completo pero abrupto itinerario que dispusimos, salimos de la estación de autobuses para dirigirnos hacia Split. A tan solo cinco horas de la ciudad amurallada de Dubrovnik se encuentra otro de los destinos más socorridos por el turismo en Croacia. Al subir al autobús todo parecía normal, turistas y locales desplazándose de ciudad en ciudad. A mitad del camino y después de tropecientas paradas continuas, un numeroso grupo de personas hizo su aparición en el pasillo del autobús. Dispuestos a trasladarse sin asiento y llegar hasta sus destinos abochornados compartimos todos los viajeros el medio de transporte con una variopinta concurrencia de autóctonos que amablemente saludaban a los turistas acomodados dentro del bus. Después del simpático recorrido por la costa dálmata llegamos a Split, el enorme y abarrotado puerto nos recibía con una temperatura altísima cuyo suelo quemaba nuestros pies. El recorrido de norte a sur y de este a oeste por el Palacio de Dioclesiano lo hicimos con maletas apreciando la antigua arquitectura y los interesantes rincones de la ciudad vieja. Después de una mala y lenta comida en la puerta oeste del antiguo palacio nos acercamos otra vez al puerto, esta vez para abordar el vaporeto que nos transportaría a Hvar. El destino más solicitado por jóvenes es también famoso por sus enormes valles de lavanda y su catedral, atracciones que poco nos importaban a juzgar por las recomendaciones nocturnas que nos proporcionaron.  Croacia funciona a la antigua usanza: los turistas que arriban al puerto son hostigados por los dueños de hoteles y pensiones para ofrecer su alojamient y Lucia, una amable señora a quien apodamos ‘MamaLucha’, fue quien nos recibió a nosotros. Con un masticado ingles y trabado italiano logro persuadirnos de ver los altos de su residencia particular donde acudimos en compañía de su supuesto sobrino quien no dijo ni ‘pío’ en todo el recorrido pero nos hizo cara cuando dijimos que teníamos apalabrado otro lugar para dormir. Después de la huida y ya con llaves en mano, preguntamos por la playa para calentar motores y salir de fiesta. Lo que encontramos fueron las orillas de la isla donde el mar choca con las rocas y que los croatas llaman playa. Mar, atardecer y vodka hacían el comienzo de nuestra noche. Náutico fue la primera parada, un pequeño pero bullicioso bar es el punto de reunión para autóctonos y turistas con espíritu fiestero. Los múltiples veleros llenos de jóvenes hacen escala obligada en Hvar. Al cierre de dicho bar, el vaivén de personas por el puerto nos mareaba, la oferta para salir después de los pequeños bares de la orilla del puerto se reduce a 3 lugares: Carpe diem, Veneranda y Pink Champagne (nuestro elegido). El gigantesco elevador nos deslumbraba y la amable bar tender nos servía chupitos a tutti plen. Noches alegres, mañanas tristes rezamos antes de dormir.

Día 4

Resacosos y cansados despertamos con hambre y ganas de playa. Habiendo terminado de comer paseamos por todo el puerto para llegar al edén. Hula Hula es un club de playa donde converge la muchachada para disfrutar del sol, la ‘playa’, buena música y mucha buena bebida. Atónitos y emocionados por el idílico paisaje (después de reconocer poco a poco gente que venía en el ferry, gente de la noche anterior y hasta gente que habíamos visto en Dubrovnik) nos despojamos de nuestras prendas para sumergirnos en las exquisitas aguas del mar Adriático. Los beats y las cervezas subían y bajaban y los convidados, borrachos de sol y champagne, bailaban y reían mientras contemplaban las guapas mujeres y las curvas que dibujan las islas croatas. El agua templada y exquisito clima del atardecer Mediterráneo invitaban a los presentes a zambullirse en el mar de Hvar y beber una copa más. Croacia, el país de las mil islas -y los mil gatos- nos volvía a sorprender no solo por el lugar, sino por el ambiente y el inspirador paisaje. Conforme el sol se ponía y las horas pasaban, la gente iba desapareciendo para reunirse más tarde en los múltiples locales que flanquean el puerto para apoyar a la Roja en la final de la Eurocopa. Pocos fans avistamos de la Forza Azurra, probablemente los croatas no simpaticen con ellos por el dominio que ejercieron en el territorio donde mucha gente celebraba el triunfo de la selección española.

Día 5

El dueño del apartamento que rentamos en una de las colinas de Hvar nos despertaba después de haber apagado el despertador. Quince minutos tuvimos para alistarnos y preparar las cosas para salir de su territorio. Para despedirnos de la vivaz isla situada al suroeste de Split y accesible en ferry desde el mismo puerto, desayunamos en un restaurante del puerto. Cobijados por un centenar de veleros, catamaranes, lanchas, barcos y cruceros hicimos nuestra última aparición por el puerto para después marchar en el vaporeto que nos transporto al puerto de Split. Fuimos recibidos otra vez por los múltiples propietarios de hoteles, apartamentos, cuartos y cuchitriles que amablemente nos ofrecían estancia a lo que contestábamos -No, thank you. We are leaving.- así dejábamos la playa y el mar de los cien azules para regresar en el ruletero autobús de paradas continuas hacia Dubrovnik. Después de las mil paradas, los controles de pasaporte y la estrecha carretera costera llegamos al lugar donde empezamos la aventura. La despedida no pudo ser superior, después de cuarenta y cinco minutos de espera, dos que tres corajes y un hueco en el estomago logramos ser sentados en las sultánicas sillas de la terraza del restaurante Taj-Mahal. El restaurante es lo mas similar a descifrar un enigma. El nombre es hindú, la comida es bosnia y está situado en la costa Dalmacia -se mezcla todo hasta obtener un cuento de las mil y una noches y taran: el Taj-Mahal-. La comida Bosnia posee influencias de la  comida turca, matices mediterráneos, los platos del centro de Europa y la cocina turca-otomana. La amplia carta es proporcional a la variedad de olores que se escapan de la pequeña cocina visible desde el exterior.

‘Pongamos que hablo de Madrid’

Ahora, después de haber vivido más de un año en la Villa del oso y el madroño, comparto los momentos y lugares que hicieron mon sejour madrileño el mejor. No cabe duda que como rezan los españoles ‘aquí se vive de maravilla’. Sobre todo se vive, en todo lo alto y ancho de la palabra. No hay más.Image

Un paseo.

La concentración de imponentes y detallados edificios madrileños de vanguardia rodean a la Cibeles haciendo de este paseo uno de los más bonitos de Madrid. Una de las calles que convergen en la fuente más famosa entre la peña futbolística, inmediatamente al norte de la Diosa tirada por los leones es el Paseo de Recoletos. Esta franja de la característica Avenida de la Castellana es la mejor forma de rematar con el paseo vanguardista madrileño. El gran corredor de Recoletos es simplemente estupendo. Romántico, acogedor, señorial y autentico; al Paseo lo engalanan sus enormes arboles, sus elegantes baldosas, los acordes del piano del Café Gijón, el kiosco art-nouveau de La Terraza y la variopinta concurrencia que recorre su cauce.

Una calle.

Almirante. Las calles más bonitas son las de este barrio coloquialmente apodado de Alonso Martinez. Estrechas, arboladas, actuales y soleadas se presentan entre otras, Piamonte y Conde de Xiquena. Vivas y apacibles son sus aceras y la calle del Almirante de día es una y de noche una otra. Entre los bajos de los elegantes edificios restaurantes y tiendas camuflan un bar mítico de la noche madrileña: el Toni 2. La discreción diurna de este barrio envuelve un misticismo que hay que vivir para apreciarla, si las farolas de esta calle hablaran… Entre las historias de las direcciones de esta afamada vía madrileña figuran nombres de grandes creativos como Jesús del Pozo (diseñador) y Alberto Campo Baeza (arquitecto).

Un restaurante.

Murillo Café. Aunque podría ser la embajada de Venezuela en Madrid por excelencia, ese aire tan español moderno me impide presentarlo así. En sus mesas se sienta la crema y nata de la sociedad madrileña para disfrutar de la exquisita comida en su acogedor ambiente característico del Bistró del Prado. Calidad y buen gusto se funden en todos los detalles del restaurante y el resultado es excepcional. Calle de Ruiz de Alarcón, 27  28014 Madrid.

Una tienda.

Diana Viaji. Este gran establecimiento rinde culto a una de las tradiciones arraigadas en España: la caza. La tienda propone la caza, además de una tradición milenaria, como un estilo de vida y en ella se pueden apreciar un sinfín de objetos que aluden al tema. Además de encontrar en este lugar todo tipo de artículos necesarios para practicar este deporte, dispone también de obras de arte (pintura y escultura) y piezas de decoración alusivos a la caza mayor y menor. El elegante recinto posee una variedad de trofeos que decoran los espacios perfectamente organizados y hacen que la experiencia sea completa. Juan Bravo, 42 28006 Madrid.

Un barrio.

La Latina. El antiquísimo Madrid de los Austrias es un punto de referencia para turistas y locales que visitan el barrio por su extensa oferta gastronómica y el ambiente (siempre animado) de su gente. Tanto de día como de noche en este vivaz vecindario se puede encontrar gente paseando. Los domingos es el día de más movimiento, pues además del mítico rastro dominical de La Latina es la tarde del último día de la semana en el que se antoja un plan informal y divertido como tomar unas cañas por estos lares.

Una tapa.

Pollo empanizado con ensalada de rúcula a la mostaza antigua. Uno de los últimos descubrimientos del barrio más elegante de la ciudad: Morao. La simpática terraza sobre la acera de la calle Velázquez fascina a vecinos y visitantes con sus sillas parisinas de color que no podía ser otro, morao. Entre las tapas ‘de toda la vida’ se pueden encontrar algunas novedosas como la citada anteriormente, todas buenísimas. Calle Velázquez, 40

28001 Madrid.

Un bar.

El Toni2. El mítico bar escondido de día bajo las copas de los arboles de la calle del Almirante se convierte, al salir la luna llena, en una cápsula del tiempo. Los años no pasan por el mejor bar de todo Madrid (ni por sus habituales) y el enorme piano de cola es el punto de reunión para trasnochados y aficionados al canto. Eso sí, todos con copa en mano y la mejor actitud de pasarlo ‘pipa re-pipa’. La sala de mis abuelos (sus amigos incluidos) es la mejor referencia para este surreal y fantástico ámbito madrileño en el que se canta tanto a Joaquín Sabina como a Frank Sinatra. Toca la que te salga de los cojones, Toni. Calle del Almirante 9, 28004 Madrid.

Una bebida.

Como bien retrata Sabina a su Madrid en sus letras, Madrid es ‘el mar dentro de un vaso de ginebra’ y a las Gin-tonic en punto la cita es en el Ten con ten. La gran barra y los expertos barman reciben a lo más selecto de la alcurnia para preparar uno (o varios) de los gin tonic’s de la larga y variada carta que poseen (ginebras inglesas, españolas, americanas, etc). El ambiente es siempre animado y los convidados a la enorme barra degustan el delicioso aperitivo siempre sonrientes. Al final del día: ‘Todo en la vida es un ten con ten’. Calle de Ayala 6, 28001 Madrid.

Les queues parisiennes

Les queues parisiennes

El celebérrimo refinamiento francés se refleja en el orden de los habitantes de la capital gala. Algunas de las costumbres más parisinas como la rutinaria (y sagrada) visita al boulanger sirven para demostrar la buena cuna de sus habitantes. Transportar la baguette debajo del brazo al salir de la panadería hará siempre la distinción entre los autóctonos y los no naturales de la Ciudad Luz. Los parisinos hacen fila para lo que haga falta, para muestra…

Juana la Loca

Es de dominio popular, en boca de autóctonos y turistas, el ‘plan de cañas por la Latina’. No es de extrañar, por estos rumbos siempre hay gente, buen ambiente y comida estupenda que saborear. Para los que no la conocen, tendría que comenzar por explicar que la Latina no es una guapísima mujer latinoamericana que le encanta la cerveza y se pasea por la Cava Baja; tampoco es el restaurante más in de Madrid; y aunque su nombre se refiera a Beatriz Galindo (escritora y humanista española del s. XVI) este lugar de latino tiene poco. La Latina forma parte del Madrid de los Austrias, ese Madrid antiguo de calles estrechas y grandes plazas que emulan la ciudad medieval y cuyos edificios característicos de la época (colores ocres, gran número de ventanas, herrería en molduras y balcones) engalanan los paseos por este barrio al que los nostálgicos se refieren como el pequeño pueblo de Castilla y León que le toco la suerte de ser capital.  Este pedazo de la ciudad se localiza (a ojo de buen cubero) entre la Plaza Mayor y el Palacio Real y todo aquel que ha estado por la zona sabe la cantidad de gente que se reúne en los infinitos bares, calles y plazas del vecindario. A juzgar por lo vivido, lo más típico es tomar cervezas de pie y comer algo mientras te sumerges en el tumulto para pedir en la barra el siguiente trago. El ultimo y mejor descubrimiento del barrio toma su nombre del apodo de la Reina Juana I de Castilla. El restaurante, perfectamente ubicado (adelante del Mercado de la Cebada) posee los valores de la zona en un ambiente mucho más relajado y exquisito.  Las mesas, bien situadas, acogen a los comensales que desean probar la suculenta carta que ofrece León Bonaso (Chef de Juana la Loca) mientras en la barra los que prefieren tomarse las cañas mientras prueban algo de comer van y vienen claras, tintos, cañas y tapas. La variedad de pintxos es excelente y aunque la estrella del lugar es la tortilla de patata con cebolla confitada, el raviolo de pisto de berenjena es sabrosísimo. La gente que atiende es muy amable y hacen que el lugar sea aun más recomendable. Ya que la mencionada zona es digna de visitarse, lo es también este reconocido restaurante que fusiona la buena cocina con el ambiente desenfadado del barrio.

 

Plaza de la Puerta de Moros 4. La Latina.

A propósito de Malasaña

De fondo suena Antonio Vega con su chica de ayer y pienso en Madrid como una ciudad llena de historia y matices como la gente que la habita. La foto del Barrio de Malasaña otrora barrio de las Maravillas la tome desde la Plaza del Dos de Mayo y con ella me vienen a la cabeza un montón de cosas que platicar del mítico barrio madrileño famoso a diestra y siniestra por ser un clásico de ayer y de hoy. La Movida Madrileña, un movimiento cultural juvenil influenciado por otros países de Europa, proponía la liberación cultural e ideológica de la sociedad. Eran los años ochenta y la llamada Movida Madrileña tomaba las calles y bares de Malasaña para expresarse abiertamente y producir acordes tan valiosos que son ahora de dominio popular. Es imposible referenciar esta época en España sin hablar de esta oleada cultural y social que se volvió un referente histórico a nivel mundial no solo por la modernidad que planteaba si no porque suponía un punto de inflexión en una España que salía del yugo de una dictadura. La movida se fraguo en las calles del pintoresco barrio del centro de Madrid y sus integrantes vivían y moraban en los domicilios de estas calles. Alaska y Dinarama, Nacha Pop, Antonio Vega, Los Secretos y Radio Futura son algunos de los participantes que se convirtieron después en los grandes referentes musicales del movimiento y que suenan el día de hoy en las bocinas de todos nosotros.
Los nombres de los caminos y plazas del barrio de estrechas calles y coloridos edificios deben el honor a la sangrienta batalla que se lidio en esta tierra contra los franceses para expulsarlos del territorio. La calle Manuela Malasaña, en reconocimiento de una bordadora que fue fusilada por las tropas francesas por llevar “un arma peligrosa”, sus tijeras de trabajo, convive en el barrio con la plaza que conmemora el día de la batalla: Dos de Mayo.
Actualmente, Malasaña conserva un aire de cierta antigüedad. Una antigüedad no muy lejana probablemente ocasionada por el enorme impacto de la Movida en los años ochenta. Pasear por sus calles es un deleite completo, las vidrieras de los variadísimos comercios exhiben sus productos y es común encontrar la ventana de una pollería llena de carne cruda conviviendo con otra que exhibe ropa y sombreros. Vale la pena dar un paseo por este barrio lleno de historia e historias, aunque Madrid tiene rincones interesantes a tutti plen este es uno muy especial y tan inmediato como escuchar a Mecano en el radio y saber que hace menos de treinta años Nacho, José María y Ana se reunían en los lugares de la zona o en palabras de Manu Chao, Me gusta Malasaña me gustas tú.

Entre aromas y continentes

Estambul, quien fuese la capital de tres de los imperios más influyentes en la historia de la civilización (otomano, bizantino y romano), es hoy la ciudad mas importante de la República de Turquía. La extravagante ubicación geográfica (entre Europa y Asia) y la división del territorio por los grandes cuerpos de agua (Cuerno de oro y rio Bósforo), hacen de ella un sitio insuperable. Su actual carta de presentación la suscribe: imperial, culta, multifacética y cosmopolita, posicionándola como el destino obligado para sibaritas, trotamundos y dandis sin importar procedencia o nacionalidad. Sus calles, sobrepobladas y estrechas, recuerdan un poco a las ciudades de países latinoamericanos como México. La sensación de lejanía y la distancia con la cultura se antoja menor al convivir con los vecinos y comerciantes (cuyo carácter es sumamente hospitalario y atento) de la ciudad más conocida que ocupa dos continentes (existen 6).
Después del bullicioso recorrido por el mercado de especias, en una de las esquinas de la fachada que da al Cuerno de oro, una luz cenital inunda una estrecha y empinada escalera tapizada de azulejos azules y blancos. El milenario Pandeli Lokantasi de la capital turca se ha encargado de recibir a lo más destacado de la aristocracia, la política y la jet-set internacional. Sus paredes (una vez más) revestidas con azulejos turcos en azul y blanco han presenciado un sinfín de anécdotas, nobles y corrientes. La luz controlada que entra por las estrechas ventanas se refleja en los muros (revestidos de azulejos) y proporciona un ambiente cálido y fresco. Aunque se trata de un sitio turístico, no es un lugar que se encuentre con facilidad; aquí ‘hay que saber llegar’. Las materias primas, que incluyen carnes, pescados y mariscos, son de buena calidad. Se puede explorar hasta donde se desee y las verduras las preparan estupendamente bien. Destacables de este lugar son las imágenes a través de los gruesos muros enrejados del Cuerno de Oro, el Bósforo y la parte nueva de la ciudad. Un agradable respiro en medio del hervidero de aromas, placenteros y no tanto, que emanan las especias y las especies que convergen en el famoso Egyptian Spice Market, como lo llaman los naturales de Windsor.

Misir Carsisi No. 1 Eminou, Estambul, Turquía

Milán al último alarido de la moda.

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En una reciente y agradable visita a la capital italiana de la moda, además de saludar a dos promesas del mundo del diseño y guapísimas primas, me di cuenta de lo inciertas que son las palabras que pronuncia la gente: “No hay nada que ver en Milán” vociferan los viajantes. Sumergidos en una escasa capacidad de apreciar lo que esta ciudad nos puede ofrecer, los viajeros se han encargado de ‘cargarle el muerto’ a la capital de la región de Lombardía. Anonadados y arrasados por el altísimo nivel cultural y artístico que seguramente vienen de ‘devorar’ en los principales epicentros italianos del arte y la arquitectura (digo yo), llegan los andarines al norte del país después de su exhausto recorrido. Al encontrarse con una ciudad de escasos monumentos antiguos, los trotamundos quedan decepcionados delante de la imponente Catedral milanesa. Pensaran que detrás de esta joya arquitectónica del gótico italiano no queda nada. Mentira. Podría enumerar muchas actividades que realizar, pero me quedo con lo que considero que me sale mejor: El sibaritismo.

Mucho había escuchado del aperitivo a la manera italiana o como lo apodan para los angloparlantes ‘Happy Hour’, que nada tiene nada que ver una cosa con la otra. Aunque forma parte de la cultura after-work italiana, el aperitivo es socorrido por visitantes y originarios de Italia (al menos en Milán). Tiene hora antes de la cena (valiente el que se atreva a cenar después) y se sirve en muchos restaurantes a lo largo y ancho de la ciudad. Luego de romper el hielo con los comensales que te acompañan y dar unos sorbos a la bebida elegida (cocktail, vino, cerveza), se aproxima uno a la barra de comida a manera de buffet.  La variedad de los alimentos a disposición de los convidados varía dependiendo del restaurante que se elija. Bruschetta, focaccia, pizza, pasta, ensaladas y una gran variedad de verduras son los protagonistas de casi todos los aperitivos milaneses. Dos buenos lugares para experimentar esta práctica son Globe (el el último piso de la tienda Coin) e Yguana (junto al parque de la Basílica de San Lorenzo Maggiore). Siendo una de las grandes capitales de la moda, Milán se reinventa constantemente y posee los últimos trabajos de creadores y diseñadores del mundo entero. Las grandes disciplinas del diseño (textil, industrial, editorial) encuentran escaparate en distintos ámbitos especializados en el tema. Excelsior y 10 Corso Como son dos nombres que deberían ser del dominio de cualquiera que se precie de ser très branché. Estas dos grandes ‘productoras de estilo’ nos conducen a elegir objetos de enorme valor artístico y excelsa calidad que exponen en sus cuidados y organizados espacios. Prendas de vestir, accesorios, zapatos, libros y un sinfín de objetos para facilitar y estilizar nuestro día a día se pueden elegir en cualquiera de las dos direcciones. 10 Corso Como nace como una propuesta de vinculación entre entidades comerciales y artísticas. Un concepto absolutamente vanguardista que posee una identidad propia y distintiva. La recuperación de un edificio abandonado se da también aquí (Merci lo hace también en París); el cortile repleto de follaje verde nos anticipa el ingreso a las diferentes ‘salas expositivas’, el frondoso jardín da el sentimiento de estar en medio de una ambiente tropical donde se puede disfrutar de un café. El obligado recorrido por las diferentes salas del edificio es una experiencia fascinante. La iluminación que proporcionan las diferentes lámparas que encontramos alrededor de los productos es perfecta. La librería y las galerías en la parte superior rematan el completísimo recorrido cultural que creó Carla Sozzani, (hermana de la directora de Vogue Italia), en 1991 y que ahora posee direcciones en Tokyo y Seúl.

Personalmente creo que este destino nos ofrece, sobre todo, una gran variedad de lugares para comer, beber, salir y comprar de excelente calidad. La apreciación de esta ciudad debe hacerse desde un enfoque diferente al habitual. El mundo de la moda y la vanguardia dominan el ambiente milanés. Se debe disfrutar de él y valorar su aportación al mundo. Los paseos interesantes en Milán incluyen barrios como Brera y el de Porta Ticinese. La oferta gastronómica es amplia, variada y la actualidad creativa está presente en los rincones de la segunda ciudad más poblada de Italia.

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http://www.globeinmilano.it

http://www.10corsocomo.com

http://www.excelsiormilano.com