Categoría: Gustos

Paz con P de poeta.

(Artículo publicado en Les habitués por Emilio Buenavida en el suplemento FC Gente con Estilo del Diario Provincia. #431 04 de abril del 2014 Ilustración: Octavio Paz por Camilo Restrepo)Image “Ayer está pasando todavía y nunca acaba y nunca llega“

Fue ayer, hace cien años, cuando el bohemio barrio de Coyoacán vio nacer a quien se convertiría en el máximo escritor de nuestra historia y único Premio Nobel de Literatura (1990) que ha dado nuestra tierra. Octavio Paz creció entre los alaridos revolucionarios, la voz liberal de su abuelo y la biblioteca familiar de su casa en la colonia Mixcoac. Sus andanzas a pie de calle le valdrían como inspiración para transformar lo popular en intelectual y dejar escrito, de su puño y letra, inequívocos retratos de nuestra cultura.

Hace 100 años que nació el mexicano más universal, patriota empedernido de la patria de la ñ y guerrero armado del lenguaje y la palabra. Fueron aquellos primeros años al lado de su abuelo Irineo Paz: político, editor y militante de las guerras liberales, los que construirían el ideario liberal que lo llevó a participar en el frente republicano de la Guerra Civil Española desde su propia trinchera: la literatura. Paz viajo a España en un turbulento 1937 por invitación especial de Pablo Neruda para participar en el Segundo Congreso Internacional de Escritores Antifascistas. Con este viaje, el poeta dio cuenta que la poesía no tiene ninguna necesidad de ponerse al servicio de una causa revolucionaria y terminaría la relación con el también diplomático chileno Neruda.

Paz fue un gran detonador de sentimientos. No fue solo su obra poética o su contradictorio actuar a lo largo de su vida lo que lo hizo acreedor de fieles admiradores y acérrimos detractores. ‘El laberinto de la Soledad’,  publicado en 1950, se convirtió en el espejo en el que nos miraríamos los mexicanos incluso más de cincuenta años después. La historia de nuestras raíces, nuestras conversiones, debilidades, fortalezas, miedos y gozos fueron retratados por el mexicano con atinada ironía, plasmando en aquellos renglones una realidad innegable causando con ello horror y fascinación entre sus conciudadanos.

Marie-Jo Triannin fue la última mujer del autor y la persona con la que recorrió los últimos caminos de su vida. Pero el autor conoció a su primer amor durante su paso por por la facultad de filosofía y letras de la UNAM. La escritora Elena Garro fue la primera esposa de Octavio Paz y juntos procrearon a Helena Paz Garro, única descendencia del también premio Cervantes de literatura quien murió en la víspera del natalicio número 100 de su padre.

Octavio Paz fue sin duda un personaje controversial. Sus ensayos de política son también referencia ineludible de su acervo literario. A través de ellos, externó su pensamiento comunista del que después se deslindaría pero no con ello su sentido revolucionario considerando la misma revolución como la filosofía en acción. Gran opositor del régimen tricolor, Paz renunció al puesto de Embajador de México en La India durante aquel desdichado 2 de octubre en la Plaza de Tlatelolco. Sin embargo, en los albores del siglo XXI, él mismo recortaría la distancia que tanto había proclamado entre el intelectual y el Príncipe acercándose de manera directa a los últimos mandatarios del septuagenario periodo mexicano.

El escritor, poeta, ensayista y diplomático ensalzo la lengua popular mexicana durante su prolífera carrera. Tuvo a bien describir nuestra manera tan propia de hacer bromas “El vacilón es una especie de pinchazo que desinfla globos públicos y privados. Es una advertencia contra la vanidad y la fanfarronería, contra las posturas excesivas o patéticas”; advirtió nuestra manera de eclipsar personas “El ninguneo es una operación que consiste en hacer de Alguien, Ninguno. La nada de pronto se individualiza, se hace cuerpo y ojos, se hace Ninguno. ’’; Y nos hizo ver, picardía incluida, la diferencia entre un Don Nadie y Ninguno “Don Nadie, padre español de Ninguno, posee don, vientre, honra, cuenta en el banco y habla con voz fuerte y segura… Ninguno es silencioso y tímido, resignado. ’’

Este 2014 es sin duda un gran año para la literatura latinoamericana, en nuestra parte celebramos los 100 años del natalicio de nuestro prohombre de las letras del siglo XX y no es casualidad que en nuestro mismo continente en diferentes latitudes se cumplan, 100 años también, del alumbramiento del enorme Julio Cortázar.

El mismo barrio de Coyoacán, cuna de grandes pensadores y artistas, lo despediría 84 años después en la Casa de Alvarado de la calle Francisco Sosa. Marie-Jó Paz lo acompañaría hasta el Palacio de Bellas Artes donde fue visitado por cientos de mexicanos durante tres días. A tal señor, tal honor.  Y a su encomiable aportación a nuestra lengua, la inmortalidad de su obra. Octavio Paz, nuestro gran promotor de las letras hispanas será mejor recordado por su aportación a la prosa que por sus discursos políticos pero sin duda refrendado el el ideario universal de l literatura como un luchador en pro de la palabra.

“Sin entender comprendo: también soy escritura y en este mismo instante alguien me deletrea.“

Octavio Paz

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La Venus de Ébano.

(Artículo publicado en Les habitués por Emilio Buenavida en el suplemento FC Gente con Estilo del Diario Provincia. #427 07 de marzo del 2014)J Baker-burdeos2Freda Josephine McDonald nació en St. Louis, Missouri y ahí mismo quedó atrás. Su escasa estabilidad familiar y el descomedido racismo librado en los Estados Unidos de Norteamérica a principios de siglo la hicieron poner el atlántico de por medio para emigrar a la que se convertiría en su patria. Josephine Baker dejó atrás sus tristes primeros años en Estados Unidos para convertirse en la americaine favorita de tout Paris. Llegó a la capital francesa con una mano atrás y la otra apuntando hacia la fama.

Corría el año de 1925 y Josephine llegaba a la capital francesa con su marido Willie Baker (de quién conservaría el apellido). La exótica artista estadounidense se presentaría en La Revue Nègre, la primera comedia musical ‘de color’ presentada en la ciudad nada menos que en el Music-Hall des Champs-Elysées. Sus escultóricas piernas, su exótico color y su inagotable sonrisa la hicieron ganar popularidad súbitamente posicionándose como referente ineludible de la nuit parisienne.

Eran los años veinte y el quien es quien del mundo cultural del siglo XX paseaba por las orillas del Sena. Joyce, Fitzgerald, Hemingway, Picasso, Dalí, Buñuel y Man Ray eran algunos habitués  de los míticos cafés de la rive gauche y de extraordinarias tertulias ofrecidas por Gertrude Stein a menudo amenizadas por Cole Porter o la misma Josephine Baker. André Breton impulsaba el surrealismo mientras Picasso desarrollaba su encomiable cubismo y Josephine establecería residencia en la ciudad que sería el mayor escenario de las vanguardias europeas.

No fue solo su talento y su particular belleza lo que posiciono a la Baker como la estrella indiscutible de las elegantes noches de cabaret parisinas. La Perla Negra salía al escenario  del famoso Folies Bergère a presentar su Danse Sauvage acompañada de ‘Chiquita’: una cachorra de leopardo que llevaba un collar de diamantes. La diosa negra se movía con singular gracia al ritmo de charlestón ataviada únicamente con una falda de bananas (quizás su imagen más conocida y difundida). La extravagancia de su show cabía en los inigualables movimientos de su cuerpo semidesnudo y la posibilidad de que su singular mascota brincara al público como era costumbre.

Josephine Baker se convertiría entonces en el ícono del pensamiento vanguardista y llegaría a ser musa de no pocos personajes. Los escritores Langston Hughes, Hemingway y Scott Fitzgerald se inspiraron en ella; Pablo Picasso la describió como la Nefertiti de la época; e incluso el arquitecto Adolf Loos, quien condenó el ornamento en la arquitectura, sucumbió ante sus encantos proyectándole una casa (que no se construyó) en la que una enorme piscina interior serviría para admirar su escultural figura mientras nadaba.

Cantando su himno ‘J’ai deux amours, mon pays et Paris…’ , la bailarina de origen africano no solo fue capaz de enamorar al tout Paris. Josephine se presentó en los escenarios más conocidos de Europa y el mundo siendo ovacionada, muchos años después, incluso por sus paisanos en el Carnegie Hall neoyorquino.

Pero la apodada Diosa de ébano no solo era espectáculo y fascinación. Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana en París, la famosa vedette colaboró activamente en la Resistencia contra los nazis. Baker llevaba mensajes ocultos de país en país y ayudó como enfermera en la Cruz Roja, recibiendo por ello de manos del General De Gaulle la Legión de Honor y la Cruz de Lorena por su contribución a la patria francesa.

La cantante, bailarina y actriz fue también una luchadora ejemplar de los derechos humanos. Su lucha en contra de la discriminación y el racismo la llevaron a caminar al lado de Martin Luther King en su ‘Marcha sobre Washington’ en pro de la igualdad social.

La impecable coherencia que mantuvo durante su vida se hacía más evidente con la decisión que tomó junto a su último marido, Jo Bouillon, de adoptar a 12 niños de distintas razas, credos y costumbres: Corea, Colombia, Marruecos y la Costa de Marfil eran algunos de los países de origen de los integrantes de su apodada ‘Tribu del Arcoíris’ cuyo cuartel general era el Château des Milandes en la Dordoña francesa.

El ocaso de sus días alcanzaría a La Venus de Ébano a sus 68 años no sin antes celebrar sus 50 años de carrera con un espectáculo retrospectivo en el Teatro Bobino de Montparnasse. La estrella dejó de brillar en 1975 y con ello llegaban a su fin los sueños de una luchadora incansable por la igualdad de razas y también, como no, de la igualdad de género. Previos funerales de estado en la iglesia de la Madeleine en Paris, (la primera estadounidense en recibirlos), Josephine Baker fue enterrada en el cementerio de Mónaco por deseo expreso de su amiga y paisana Grace Kelly (otrora Princesa de Mónaco) quien como la intérprete de películas como Zou-Zou y Princess Tam-Tam, adoptó y triunfo en el país galo.

Un amor surrealista.

(Artículo publicado en Les habitués por Emilio Buenavida en el suplemento FC Gente con Estilo del Diario Provincia. #424 14 de febrero del 2014 )

La inaudita historia de amor entre Salvador Dalí y su musa Gala contradecía la egocéntrica figura que él mismo construyó.

La inaudita historia de amor entre Salvador Dalí y su musa Gala contradecía la egocéntrica figura que él mismo construyó.

25 años después de su muerte, el genio del surrealismo sigue provocando delirios y fascinaciones entre las masas. Excéntrico, narcisista y portentoso, Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech, hizo de su persona un personaje, y de su arte un intrínseco legado de sentimientos. Entre sus elefantes, sus relojes y sus cuernos de rinoceronte, aparece, recurrentemente en sus lienzos, una mujer. Gala, una guapa mujer de origen ruso, se convertiría, además de su gran inspiración, en su modelo, su amiga, su compañera y su esposa por más de 50 años. Un amor incondicional enmarcado en una relación atípica, digna de dos insólitos protagonistas que se fundían en uno solo: Gala-Dalí.

Elena Ivánovna Diákonova llegó a la vida de Salvador Dalí en 1929. Un chien andalou se proyectaba por todo lo alto en la ‘Ciudad luz’ y Salvador no perdería la ocasión de estar al lado de su amigo Luis Buñuel (con quien había colaborado en la filmación) y junto  a una nutrida tropa de discípulos de André Breton, abanderados todos del movimiento surrealista. Fue el mismo esposo de Gala, el poeta Paul Éluard, quien la introdujo al mundo del personaje en su morada estival de Cadaqués el verano de ese mismo año.

Ni la diferencia de edad (Gala le llevaba 10 años a Dalí), ni la presión de sus padres por estar con una mujer casada, fueron impedimento para que el artista pintara una historia de amor sui generis  que los llevaría a estar juntos hasta el ocaso de sus vidas. «La pasión por Gala fue instantánea […] fue un amor completo, intenso y duradero»  rezaba el pintor.

El amor que se profesaron Gala y Dalí rompía con los cánones de aquellos y de estos días. Uno dependía del otro, y el otro del uno, aunque se rumoraba que no mantenían relaciones íntimas. Ella fungía como la administradora del gran creador, y él la referenciaba en gran cantidad de sus obras, como en la pintura ‘Retrato de Gala con dos costillas de cordero en equilibrio sobre su hombro’, alegando con gran audacia: «Si me gustan las chuletas, y me gusta mi mujer, no veo ninguna razón para no pintarlas juntas».

En la cabeza del genio de afilados bigotes y arrastradas eses, además de su musa, cabían importantes nombres como los de Velázquez, Rafael y Vermeer. De este último interpretó, en el Musée du Louvre, el cuadro “La Encajera”, bajo la estricta mirada de los conservadores de la institución y algunos amigos; todos los presentes quedarían azorados al observar en su lienzo unos cuernos de rinoceronte en lugar de la mujer holandesa manipulando alfileres e hilos  reposando en un caballete dentro de una pequeña sala de la pinacoteca parisina. Salvador Dalí hacía de las suyas aludiendo aquel acto a su método paranoico-crítico:un método espontáneo de conocimiento irracional basado en la objetividad crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones de fenómenos delirantes. El pintor ampurdanés razonaba haber encontrado las curvas logarítmicas del cuadro barroco que dibujaban exactamente unos cuernos de rinoceronte.

Previa audiencia con el Papa Pío XII y los vistos buenos de la recalcitrante dictadura española y su iglesia católica (con quienes llevaban buena relación) Gala y Dalí contrajeron matrimonio canónico en el santuario gerundense de la Mare de Déu dels Àngels el 8 de agosto de 1958. Con este acto se consumaba un amor dependiente en una época en la que la pareja vivía a caballo entre Figueres, Cadaqués y Púbol, , donde Gala era la reina de un castillo gótico catalán. El Castillo de Púbol, en el bajo Ampurdán, fue regalo especial del Marqués de Dalí, aunque el genio podía acceder únicamente por invitación escrita de su amada Gala.

De espíritu libre, la relación entre ambos no parecía flaquear aún a sabiendas de que su esposa mantenía relaciones con otros abanderados del surrealismo. Dalí retrató a su musa en todas las posiciones y desde todos los ángulos: ‘Assumpta Corpuscularia Lapislazzulina’, ‘La mujer visible’, ‘Leda atómica’, ‘La madona de Port Lligat’, etc., hasta que su relación terminó con la muerte de Gala en 1982. Nunca más volverían a estar juntos. Los restos de Gala fueron depositados en su Castillo de Púbol.

La vida, decía el artista, consistía en «Aspirar, respirar y expirar ». Los acordes de Wagner en Tristan und Isolde sonaban de fondo en la Torre Galatea de Figueres (hoy Teatro-Museo Dalí) , cuando el corazón del genio dejo de latir el 23 de enero de 1989. Sería ésta, su última morada, dónde por deseo propio, los restos del genio reposan desde aquel entonces. Este año, un cuarto de siglo después de su muerte, su enigmática historia de amor, el personaje que protagonizó y su producción artística, se antojan lejos de expirar. ¡Hoy Dalí está más vivo que nunca!

7 símbolos de Salvador Dalí

7 símbolos de Salvador Dalí

Maestro con M de Morelia.

(Artículo publicado en Les habitués por Emilio Buenavida en el suplemento FC Gente con Estilo del Diario Provincia #420 17 de enero del 2014)

Alfredo Zalce y sus bailarinas

Alfredo Zalce y sus bailarinas

Hace 106 años que Alfredo Zalce abrió sus ojos por primera vez en la región sur del lago de Pátzcuaro. Fueron sus observaciones las que, a través del tiempo, nos han permitido a tantos conocer y reconocer los exquisitos paramentos y valores culturales de nuestra tierra. Sus insuperables interpretaciones de lo cotidiano se unen a los usos y costumbres de nuestros paisanos y a los aires de un México post-revolucionario para retratar sus sentimientos y los pasajes de su vida. Sus coloridas pinturas, estilizadas esculturas y conmovedores grabados, nos han hecho gozar, reflexionar y sonreír a quienes nos conmueve su trabajo.

Aquellos afortunados que tuvieron el privilegio de convivir con el Maestro son inminentes testigos de su eterno compromiso con el trabajo. Fue el perpetuo matrimonio que sus manos mantuvieron con el lápiz lo que lo llevo a participar en la escena principal de una obra dirigida por José Vasconcelos, cuyo reparto de primera línea incluía nombres como el de Diego Rivera, con una nación que educar como telón de fondo.

Alfredo Zalce Torres regresó a territorio purépecha a mediados del siglo XX después un largo peregrinaje por la Ciudad de México y la península yucateca. Habiendo participado en diversos colectivos educativos (como maestro de primaria y en las Misiones Culturales) y artísticos (LEAR, TGP) en pro de la enseñanza en México, el calificativo de maestro lo llevaba pintado en el lienzo de su biografía. Zalce llegó a Morelia en 1950 para establecer definitiva residencia en la concurrida Avenida Camelinas y fundar, en esta misma dirección, la que sería su última morada y un taller de especial carácter.

Su estética cubista le valió para retratar tanto objetos como paisajes (Casa del cerro, 1975), personas y animales (El Gallo, 1979), y oficios y disciplinas (Adoberos, 1979), fascinando a tantas y tantas personas con su trazo y colorido. Zalce recurrió a los grandes nombres de las vanguardias europeas para crear un lenguaje propio e interpretar sus imaginarios a través del colorido de Matisse; retratar sus vivencias y costumbres en grandes lienzos como lo hiciera Chagall; y esculpir sus jocosas bailarinas con el gesto de las Señoritas de Avignon que pintara Picasso.

Don Alfredo encontró inspiración en cada persona, en cada rincón y en cada oficio que conoció. Dignificó siempre a los indígenas y enalteció la belleza de la mujer en la mayoría de sus trabajos. Su extensa producción no se limitó a la pintura y la escultura: el virtuoso artista exploró en terrenos tan diversos como la joyería, la cerámica y los tejidos, pasando por el grabado y la litografía. Un creador multidisciplinario cuya bandera era la humildad y no poseía ningún empacho en aprender de sus alumnos en un excepcional taller de puertas abiertas. Así, sus siempre queridas alumnas se convertían en sus musas, colaboradoras y, en algunos casos, hasta instructoras. El consagrado mentor, cuyos alumnos y admiradores con gran cariño y profundo respeto se referían a él como El Maestro, heredó sus conocimientos a un sinfín de personas y formó una cantidad importante de artistas de gran proyección, incluyendo nombres como el de Juan Torres, Gerónimo Mateo, Mara, Mizraím Cárdenas, entre muchos otros.

Impulsor de causas sociales, inquieto educador del pueblo, artista multifacético y enamorado de la figura femenina, Zalce dejó un legado artístico invaluable y un cúmulo de personas que lo recuerdan con especial afecto y admiración. Hace 11 años que el Maestro cerró sus ojos en esta ciudad para dejar de mirar y, aunque a muchos nos encantaría pasar por su cochera y volver a encontrarlo leyendo el periódico, o circulando por las calles en su antigua Brasilia, aquellos amigos, y sus admiradores, nos quedamos con lo más vivo del Maestro: su obra.

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Entre tijeras y tenedores.

Por recomendación expresa llegamos a uno de los rincones con más carácter de la capital chilena. De no ser así, el peregrinaje hasta la decimonónica esquina de las calles Compañía de Jesús y Libertad se antojaría inexplicable. La Peluquería Francesa atiende a su fiel clientela desde 1925 en el mismo domicilio del Barrio Patrimonial Yungay. El legado que Don Emilio Lavaud dejara por estos feudos ha sido conservado y aumentado, llevando a su colorido edificio y a la sociedad que lo regenta a ser actores principales del barrio contiguo al primer cuadro de la ciudad.

El colorido edificio en la esquina de Libertad y Compañia de Jesus en el santiguino Barrio Yungay-Buenavida

El colorido edificio en la esquina de Libertad y Compañia de Jesus en el santiguino Barrio Yungay-Buenavida

Atrio del Centro Cultural Palacio de la Moneda-Buenavida

Atrio del Centro Cultural Palacio de la Moneda-Buenavida

Santiago de Chile, la ciudad capital del austral país, se presenta culta, moderna y bien organizada. La pujante economía de la urbe se respira en casi todos sus entornos, y las ofertas culturales así lo constatan. Para muestra, un botón: el bien logrado Centro Cultural Palacio de la Moneda  se esconde al frontis del Palacio de la Moneda, y aunque está enterrado en la Plaza de la Ciudadanía, este ‘contenedor cultural’ habla con voz fuerte. El proyecto, firmado por Cristian Undurraga, se hace presente en la ciudad como remanso del trajín cotidiano, amén del fascinante recorrido por su interior. La imponente sala principal, presidida por una gran rampa, se riega de luz natural a través del entramado de concreto que la cubre. Es este espacio el que acoge cautivantes exposiciones, dada su magnitud y la vista obligada de los transeúntes.

Corría el final del siglo XIX y los conspicuos cortesanos acudían religiosamente a la Peluquería Francesa para ser trasquilados en estilo ‘pera napoleónica’, el corte más socorrido por los caballeros santiaguinos de la época. Ni el cambio de domicilio, ni el abandono y la decadencia que sufrió el Barrio Yungay algunos años más tarde, representaron motivos para que los conocidos peluqueros dejaran de atender a sus habitués en las aparatosas sillas de la barbería. El anacrónico salón principal de edificio funge como barbería y salón de peluquería desde el año 1925; en él se respira un aire de otra época. Los años no han pasado por este lugar, ni por los peluqueros que atienden a su fiel clientela. El servicio ha sido ininterrumpido desde su fundación en 1891 y continua vigente en un espacio donde los objetos que existen podrían contar historias.

El salón principal del edificio es la Peluquería Francesa-Buenavida

El salón principal del edificio es la Peluquería Francesa-Buenavida

Uno de los lugares de la Peluquería Francesa donde se practican técnicas de barbería con paños calientes y navaja-Buenavida

Uno de los lugares de la Peluquería Francesa donde se practican técnicas de barbería con paños calientes y navaja-Buenavida

Hace no muchos ayeres que el simpático edificio de aires franceses se transformó para convertirse en lo que se conoce hoy como Boulevard Lavaud-Peluquería Francesa. Intelectuales, músicos, actores de teatro, arquitectos y pintores, hacían de este espacio su centro de reunión, y la inspiración para su creador fue inminente. Cristian Lavaud Oyarzún, nieto del fundador, tomó el carácter tradicional del edificio, la historia de la peluquería y los antiguos enseres de la estética para meterlos en una coctelera y brindarnos un insuperable ‘resto-bar’ en el corazón del emergente Barrio Yungay. Los ricos platillos de corte brasserie se maridan con vinos autóctonos y vinos importados del país galo. El café cargado (intolerable lo contrario), y la repostería afrancesada glorifican los orígenes del fundador y se convierten en un must del restaurante. El comedor se divide en distintas estancias, perfectamente bien ambientadas, que aluden invariablemente a la antigua peluquería que dio carácter al concepto. Antiguas bases de secadoras, empolvadas pelucas y vetustas vitrinas decoran el restaurante y fascinan a sus internacionales comensales en service continu.

El exitoso proyecto apodado Boulevard Lavaud no termina entre tijeras y tenedores. Contiguo al edificio, una pequeña puerta conduce hasta la ordenada trastienda de un establecimiento atípico. El Antiguo Almacén  evoca la esencia de las antiguas misceláneas chilenas para vender en pleno siglo XXI, los mismos productos ofertados antaño en las tiendas de la colonia. Son sus obsoletos colores y la disposición de los productos que, junto con los antiguos afiches de las refresqueras de toda la vida, dan el punto añoso al característico comercio.

Estancia del restaurante-Buenavida

Estancia del restaurante-Buenavida

Detalles del comedor del restaurante  Boulevard Lavaud-Buenavida

Detalles del comedor del restaurante Boulevard Lavaud-Buenavida

Las cosas, sin embargo, no terminan en el almacén. El proyecto más reciente del encargado de perpetuar la tradición, el nieto de Don Emilio Lavaud, lleva por nombre Los Coleccionistas. Un espacio fascinante en el que el acopio de antigüedades se ha dado sin discreción, y los arcaicos objetos se exhiben todos,  uno sobre otro, en dos emocionantes salas a tan solo una cuadra de la Peluquería Francesa. La posibilidad de tropezar es inminente, deseando uno, tropezarse con algún objeto de amplio valor y no caer al suelo al escuchar el precio.

La añoranza de una época pasada se dibuja en cada uno de los espacios del Boulevard. El trabajo de conservación es estupendo y la atención por parte del anfitrión es inmejorable. Al finalizar el recorrido de los espacios a través del tiempo, solo los relojes nos daban cuenta que este había transcurrido por minutos. La sensación de entrar en una máquina del tiempo fue fascinante y nos sucedió, con satisfacción, desde el primer momento en que pisamos el restaurante. Entre navajas, cucharas, ajos y viejas sillas, regresamos a nuestra moderna época después de haber gozado divagando en otros ayeres y constatar que el Boulevard Lavaud es uno de los rincones más emocionantes de Santiago de Chile.

Buenavida

Perspectiva Boulevard Lavaud-Buenavida

La antigua miscelánea  recuperada y renovada en el Antiguo Almacén del Boulevard Lavaud.

La vieja miscelánea recuperada y renovada en el Antiguo Almacén del Boulevard Lavaud.

Los Coleccionistas del Boulevard Lavaud.

Los Coleccionistas del Boulevard Lavaud.

El primero del segundo lustro.

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Con bombo y platillo arrancó el fin de semana anterior la mexicana cita con el séptimo arte. La señorial capital del estado de Michoacán se vestía de manteles largos para recibir a lo más granado de la comunidad cinematográfica internacional. Alfonso Cuarón apadrinaba el primer festejo de la segunda década del consagrado Festival Internacional de cine de Morelia con Gravity. Alejandro, Daniela y Cuauhtémoc, los flamantes creadores de la célebre eventualidad, daban el pistoletazo de salida mientras el aclamado director agradecía la proyección de su cinta en salas. El capricho de Cuarón fue atinadamente concedido y la ceremonia de inauguración tomó lugar en un entorno que no era el habitual. El cacareado largometraje protagonizado por dos de los más conocidos rostros de Hollywood comenzaba con retraso en distintas salas de Cinepolis Plaza Morelia el viernes por la tarde. Obra de Manuel Rocha (padre del arquitecto Mauricio Rocha), el teatro José María Morelos y Pavón ha sido sede de anteriores ceremonias de inauguración, verbigracia la de la décima edición. El estreno de ‘No’ del chileno Pablo Larraín se proyectaba por todo lo alto con Gael García como actor principal de la cinta e indiscutible protagonista del evento en un no muy lejano 2012. El recinto teatral se ha convertido en el sitio oficial de la proyección inaugural de un festival  cinematográfico de talla internacional. Los asistentes a la primera proyección del FICM disfrutamos de Gravity con los lentes bien puestos en formato 3D. Las profecías se cumplían al transcurrir de las imágenes de Sandra Bullock flotando en el infinito. Como apuntaría Carlos Boyero, la película nos tenía en una ‘tensión de primera clase’. No era solo el descontrol de los cuerpos oscilando en gravedad cero lo que nos ponía al filo del desespero; las inmejorables interpretaciones de la talentosa Bullock y el magnífico George Clooney nos obligaban a acompañarlos en su incertidumbre por sobrevivir y su angustia de regresar a salvo a la vida terrenal. La ansiedad se apersonaba constantemente durante la hora y media de proyección. Mientras los astronautas fluctuaban en un abismo espectacular incorrectamente proclamado ‘espacio’, los cinéfilos nos afianzábamos más a la butaca. Los límites del infinito son inexistentes y los cuerpos quedaban constantemente a la deriva dejando como estela un resquemor poco habitual entre los que gozábamos de la epatante función. Fue el desconcierto mismo que nos hizo perder uno de los cabos de la historia.  El cortometraje de Jonás Cuarón se proyectaba acto seguido de los créditos del largometraje de su padre como parte de la historia de la cinta. La aclamada película escrita por el clan Cuarón (padre e hijo) había sido presentada en otras importantes citas de la gran pantalla. San Sebastián acogió de maravilla la película de los mexicanos y la 70 edición de la Mostra de Venecia abría su ciclo con Gravity y sus protagonistas. Tanto allá como aquí la aceptación fue rotunda y los augurios se han ido cumpliendo uno detrás del otro. Ya con la luna a cuestas, puntual arribaba la concurrencia al coctel de inauguración en el insuperable Palacio de Gobierno de Michoacán. La colorida y tradicional Danza de los Viejitos abría la pista de baile colocada en el patio principal del palacio. Bajo la mirada atenta de los revolucionarios de Zalce, los jocundos acordes de la fémina al torno ponían a bailar a los trasnochados cinéfilos. El ánimo nocturno se extendió hasta la tarde del día siguiente con el arribo de una escuálida estudiantina que se paseaba por los portales de la otrora Calle Real de Morelia. El abarrotado corredor compartía viandantes con una concurrida Cerrada de San Agustín. Javier Marín hace uso de este espacio para ponerse a tono con Alfonso Cuarón. Una tercia de colosales cabezas de bronce parece haber caído en la mitad de la ciudad imitando el gesto de la capsula de la Dra. Ryan Stone. El artista lanza el contrapunto poniendo por manifiesto el efecto de la gravedad que el director desafiaba para rodar su película. El emocionante gesto de las habitables esculturas nos generaba, como lo había hecho Gravedad, un sinfín de sentimientos. El encuentro de las artes y  de viejas amistades en un entorno inmejorable, nos conducían al éxtasis mientras chocaban nuestras copas. Por el cine, por el arte, por los amigos y por la ciudad de la cantera rosa.

Zacatecas, tierra de toros.

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El Quinta Real de Zacatecas es un espectáculo fascinante. El hotel destila una vibrante sensación de casta bravía.

El infaltable pretexto de celebrar las fiestas patrias y la inquietud de recolectar nuevas experiencias me ha llevado este año, junto a un grupo de buenos amigos, hasta la ciudad con rostro de cantera y corazón de plata. Patrimonio Cultural de la Humanidad por parte de la Unesco, cuna de grandiosos artistas plásticos, y referente indiscutible de la fiesta brava, Zacatecas sabe a México y en su frío aire, además de tequila, se respira nuestra milenaria cultura mexicana. La que fuera la ciudad colonizadora del norte de México en la Nueva España, deslumbra a paisanos y extraños con sus singulares costumbres, lujosos paramentos, valiosos acordes y celebraciones de categoría como sus corridas de toros.

Los aficionados a los toros no son pocos en las faldas del cerro de la Bufa. La decimonónica Plaza de Toros de San Pedro ocupa lo que llego a ser el límite de la “Muy Noble y Leal Ciudad de Nuestra Señora de Zacatecas” (nombrada así por Felipe II, Rey de España, Sicilia y Cerdeña) en la intersección de la calle González Ortega y el acueducto. Erigida en la bonanza minera de finales del XIX, el antiguo coso taurino fungió como anfitrión de inolvidables festejos taurinos hasta la edificación de la Monumental Plaza de Toros de la ciudad, que acoge hoy a los diestros y a su público en Zacatecas capital. La nostalgia de aquellas tardes se puede revivir en el mismo albero (ahora una elegante explanada) por el que desfilaron valientes matadores. La antigua Plaza de Toros de San Pedro es hoy un hotel de clase alta y tradición profunda en el que los acordes de la Marcha de Zacatecas, cortesía de la Banda Sinfónica del Estado, retumban todavía en los tendidos del recinto. El Quinta Real de Zacatecas es un espectáculo fascinante. A la vista, desde el viejo redondel, los arcos de la plaza se funden con los del acueducto ‘El Cubo’ que se recortan con las gradas dejando el cielo como lienzo de la instantánea. Desde la barrera los toros se ven mejor y es aquí donde ahora se disfrutan las viandas. La Plaza es el restaurante del hotel, que dispuesto en 3 niveles, ocupa los tendidos de sombra del ex-coso taurino. Los finos manteles blancos remembran los pañuelos de la peña, agitándose al aire pidiendo al juez los trofeos del matador en faena. En las refinadas mesas del comedor se sirven auténticos platillos regionales. Entre otras exquisiteces, los sopes de cochinita y el tradicional Asado de Boda zacatecano son destacables. La atentísima cortesía de un equipo de profesionales se hace cargo también del Botarel, el bar del hotel situado en lo que un día fue toriles. Por demás queda, mencionar el buen gusto en la decoración del magnífico parador de cuyas paredes cuelgan obras de consumados artistas como Pedro Friedberg y los oriundos de la región: Pedro y Rafael Coronel; a quienes resulta imprescindible visitar en las pinacotecas locales que llevan sus nombres y acogen sus acervos. A través del tiempo, las actividades de la localidad se han manifestado en forma de elegantes monumentos. Los zacatecanos se ponen el oro y la plata por montera y la exhiben a los cuatro vientos. Para muestra, un botón, o la Catedral entera. Erigida entre el barroco y el neoclásico, el churrigueresco templo dista mucho de ser como la casa del moro que ‘por fuera no es nada y por dentro un tesoro’. El delicado detalle de la fachada de cantera rosa, un excelso trabajo de filigrana digno de un platero, es solo el entremés del bacanal espiritual. Dentro del recinto, bajo la cúpula octogonal de la nave central, la luz natural retoca el descomunal bronceado oro de 24k del retablo principal firmado por el michoacano Javier Marín.

De aquellos polvos, estos lodos. La explotación minera de la ciudad, que ocurrió en diferentes intervalos de la historia de Zacatecas, heredó un inestimable bagaje cultural que no se limita solo a las destacables joyas arquitectónicas. A diferencia del oro y la plata, que no se vieron más por estos lares, son estas joyas y los grandes nombres del arte como el de Manuel Fuelguerez quienes fortuitamente hacen el ‘don Tancredo’ y permancen en la memoria de la ciudad. En el ‘lugar donde abunda el zacate’ (del náhuatl, Zacatecas) la celebración de México tiene cabida en lo mestizo, en el encuentro de las costumbres de la madre patria con las de este lugar. Desde la Mina El Edén el corazón de la ciudad late fuerte y mantiene vivo el carácter noble su rostro rosado. Por los retorcidos callejones del casco antiguo, los músicos suenan sus trompetas y tambores mientras animan las míticas callejoneadas zacatecanas. Al toro hay que agarrarlo por los cuernos, y a Zacatecas, por el centro.

http://www.quintareal.com/zacatecas

Máximo, de la granja al plato.

Máximo Bistrot Local-Buenavida

Máximo Bistrot Local-Buenavida

Tan enorme como el acto de arrogancia y prepotencia  protagonizado por la apodada Lady Profeco, fue la antesala para ocupar un lugar  en el mediático restaurante que ocupa la esquina de Tonalá y Zacatecas en la colonia Roma. Y es que en lo que va del jurásico sexenio, la hija del titular del organismo que vela por los derechos del consumidor (PROFECO), ocurrió clausurar el ‘Bistrot Local’, de nombre Máximo (previo numerito de spoiled child), al no ser asignada para engullir los sagrados alimentos en la socorrida terraza del local. La señorita (que de Lady ni la uña) olvidó la paciencia en casa y nosotros, después de una hora y media en la banqueta y bajo el sol, también. La insípida Hostess del Máximo nos escoltó al comedor principal para ocupar la tan añorada mesa en el tercer turno de la hora de comida y, como era de esperarse, al sencillo y reducido restaurante no le cabía ni un alfiler. Solo los meseros eran capaces de hacer circular las charolas con langostas y cafés entre las mesas y los comensales. La paciencia se apersonó en forma de ensalada nada más ordenar los alimentos: fuimos ofrecidos a una Ensalada de alcachofas y habas cortesía del chef para amainar el desespero. Contrario a lo que la gente piensa, el Máximo Bistrot Local no le debe la fama a la hija malcriada de ningún funcionario. Eduardo y Gabriela se han desmarcado de la oferta gastronómica conocida, seleccionando solo las mejores materias primas locales del día para, previo paso por la diminuta cocina (afrancesada, que no francesa), terminar en la elegante vajilla delante del afortunado visitante. Apadrinado por Enrique Olvera, y curtido en la cocina del neoyorquino Le Bernardin, el anfitrión se deslinda de sus experiencias previas para reinventarse y crear una cocina franca que apoya los productores locales y enaltece la calidad de sus materias primas preparándolas sin adornos. Para nosotros: Steak Tartare, Atún sellado en salsa de guajillo, Pasta verde con pancetta y tomate, y Rib-eye al punto. Delicioso. La comida que no merece ser esperada no merece ser servida  y en el Maximo Bistrot Local el ritual de la buena mesa es ineludible. Apaciéntese, goce y déjese consentir como Lady de a de veras.

http://maximobistrot.com.mx/maximo/

La Leche te hace bien.

La Leche

Entre latas, botes, frascos y tambos blancos desfilan comensales, meseros y platos con las exquisitas creaciones que se sirven en las impolutas mesas blancas del comedor más célebre de Puerto Vallarta. Los más frescos ingredientes encontrados en el mercado son los protagonistas de los platillos enlistados día con día en los pizarrones negros que dan contraste al característico ambiente monocromático del restaurante. El orden de la magnífica instalación de recipientes blancos dispuestos en enormes anaqueles que ‘abrazan y asombran a los que habitan el espacio’, emulan el carácter de una bodega láctica que se presenta limpia, sobria y elegante. Un almacén sui generis en el que la variedad de sillas dispuestas con atrevimiento llevan la firma de artistas contemporáneos de amplio renombre. El concepto, importado desde la Sultana del norte en 2008, fue ideado por el conocido diseñador gráfico Ignacio Cadena Rubio quien además de hermano, es socio del mediático chef tapatío. El blanco (blanquísimo) del almacén pretende caracterizar un lienzo en el que los platillos forman la composición y reclaman atención en un ambiente cuyo significado radica en ‘exaltar el núcleo del concepto: la cocina del chef Cadena’. La sensación de estar en un manicomio se disipa con la luz cálida y la primer bebida degustada en el Almacén Gourmet de Alfonso Cadena. La irreverencia del chef queda por manifiesto en el restaurante más conocido de la costa jalisciense; es el desconcierto mismo que detona emociones en los convidados al manjar cuyas delicias son servidas en vajillas dispares. Imperdible es un clásico del lugar: el fresquísimo Q.M.T. protagonista recurrente del menú. Con tres ambientes distintos y la atención que amerita las palmas, sobra cacarear el lleno total en el que noche con noche el saludo atento del progenitor del clan Cadena nos alienta a repetir la visita. En una noche de suerte, el cocinero cambia la cuchara por la guitarra para subir al pequeño escenario del comedor principal para hacer gala de sus dotes artísticos que no se reducen únicamente a su programa en elgourmet.com . Bajo la mirada de la fotografía de la mujer manchada de leche, el afamado chef es capaz de rematar la cena en con una experiencia incomparable.

http://www.lalecherestaurant.com/#/home

El ‘speakeasy’ colombiano

Barra NN elespectador

No obstante de tener como rival a la ciudad más innovadora del 2013 (Medellín), entre trancones y ajetreos la caótica capital colombiana se regocija de seguir siendo la ciudad más cosmopolita del país andino. A pesar de situarse al pie de la cordillera de los andes, el norte se pierde fácil entre calles y carreras que convergen y divergen en los atemporales edificios de ladrillo rojo del distrito capital del país. Es la Zona G la que se ufana de contar entre sus direcciones con algunos de los restaurantes más celebres del país además de seguir siendo uno de los referentes del acontecer social de Bogotá. En ella una pequeña pero colorida tienda hace las veces de ‘tapadera’ de uno de los establecimientos mejor concurridos de la ciudad. Los factores sorpresa son la constante del NN, un gran cartel con el nombre Miss Elania enmarca el mencionado almacén, el primer paso al misterioso restaurante. La época de la prohibición en Estados Unidos (1920-1932) es el concepto que trasladan Maurizio Mancini y Gerónimo Basile hasta el centro de Bogotá donde después de tropezar con ollas y fogones, hay que subir una estrecha escalera para descubrir el enorme piano de cola cuyos acordes superan el barullo de los comensales distribuidos en las dos plantas de la elegante mansión de la calle 71. El ‘speakeasy’ colombiano (que de hablar en voz baja tiene poco)  sirve platillos afrancesados de alta calidad creados ex profeso por el chef Nicolas de Zubíria.  Entre la ecléctica decoración del NN (No Name) sobresalen las lámparas ‘art deco’ que riegan de luz la enorme barra por la que desfilan las prohibitivas y más rebuscadas bebidas que se disfrutan a la luz de las velas. Como antaño, el carácter secreto del sitio y la selecta concurrencia del lugar confirman la añeja experiencia neoyorquina que trasladada a un entorno actual inhibe a los convidados recordar el trajín capitalino que ocurre al cruzar de vuelta la famosa cocina del excepcional restaurante.

Calle 71 # 5 – 70, Bogotá, Zona G, Colombia

fotografía: http://www.elespectador.com