Categoría: Morelia México

De puertas para adentro

Texto publicado en el libro:  Herrera Cornejo, Arturo, 2017, ‘Alfonso Alvarez Barreiro, Un Empresario del Siglo XX en Michoacán’, Morelia, México, Morevalladolid.

Cuando mi abuela Luisa, la mujer de Don Alfonso Álvarez Barreiro, decidió escribir el libro de su vida lo primero que hicieron sus hijos Alfonso y Emilio fue regalarle una computadora. En el estudio de la casa de mis abuelos, Doña Luisa pasaba su tiempo aprendiendo ‘computación’ y poniendo por escrito su infancia durante la Guerra Civil Española, su adolescencia mexicana en el exilio y su vida adulta al lado de mi Abuelo en la ciudad que adoptaron como propia: Morelia. La ‘Maestra Miaja’, activa e inquieta, se dedicó con ahínco a recopilar información para sus memorias en una época en la que el internet interrumpía la señal del teléfono y servía máximo para mandar correos electrónicos. Con la ayuda de su hijo Alfonso, mi abuela se creó una cuenta de hotmail y a través de ella intercambiaba mensajes con algunos habitantes de su natal Melilla quienes le enviaban imágenes recientes de la ciudad, fotos de su casa de veraneo, pormenores de la cárcel donde estuvieron presos y otros datos generales que fueron llenando las páginas de su libro ‘Sombras y luces del ayer: Éxodo de recuerdos’ editado en 1999. La conexión que tuvieron madre e hijo era evidente: ella se entretenía recordando su vida y él se interesaba por los detalles de la Guerra Civil en España desde la perspectiva de una sobreviviente. El resultado fue nada menos que entrañable.

Mi Abuelo en cambio, que fue muy hábil para escribir (se le puede leer en algunas semblanzas en los periódicos del Club Rotario de Morelia), no dejó un testimonio escrito de su periplo y su trayectoria es digna de reconocerse. No solo por su activismo social y su actividad empresarial; también por su promoción al deporte y al desarrollo urbano de Morelia; y por las diversas actividades y proyectos en los que participó con notable liderazgo.

La idea original fue de mi Tío Alfonso y con la inquietud heredada, una vez más, los hermanos Álvarez Miaja se dieron a la tarea de poner por escrito la vida de su padre. La voluntad de ellos y la exhaustiva e interesante investigación del historiador Arturo Herrera Cornejo nos permiten entonces a través de las páginas de este libro adentrarnos en la vida pública de un moreliano por adopción que llegó para quedarse y se ganó un lugar dentro de la historia de la ciudad. Pero la huella que dejó este hombre abarca mucho más que lo que se vivió de puertas para afuera. Mi Abuelo Alfonso fue además la cabeza de su familia, líder entre sus amigos, sabio consejero y un gran maestro cuyos ejemplos y consejos han trascendido en quienes convivimos con él.

Alfonso Álvarez Barreiro nació rumbero y jarocho en el Puerto de Veracruz. A esa ciudad habían llegado sus padres ‘con una mano atrás y otra adelante’ procedentes de Galicia. A diferencia de otros españoles (llegados algunos años más tarde a causa de la Guerra Civil) la familia Álvarez Barreiro había venido a ‘hacer la América’, un término bien conocido entre gallegos y asturianos cuyas familias vinieron a México a principios del siglo XX desde luego a trabajar, pero primordialmente a buscar un mejor futuro. Alfonso, hijo de dos aldeanos de Loña del Monte, aprendió de ellos la cultura del trabajo y de sus hermanos la constancia y la perseverancia para salir adelante.

La situación que vivía su familia lo llevó a trabajar desde muy joven. Primero lo hizo en una panadería y después en un banco. De todos sus empleos aprendió y en todos destacó, pero hubo uno que recordaba con más determinación. A los 20 años se fue a trabajar a Houston, Texas alentado por un primo que vivía allá. Al cabo de unos meses su desempeño fue mejorando y comenzó a hablar inglés, con ello se ganó un ascenso dentro de la empresa aunque existían otros factores por los que ocurrió. Nunca le habían creído que era mexicano por su color de piel y en aquel momento ya estaba listo para liderar a sus compañeros de quienes había aprendido: un grupo de obreros entre los cuales había varios de raza negra. De puertas para afuera nunca platicó ese detalle ni otro que concretó su regreso expedito a México: Estados Unidos peleaba la Segunda Guerra Mundial, su ejército necesitaba refuerzos y los reclutamientos eran constantes en ésta y en otras fábricas de la ciudad.

Las páginas de este libro desdoblan las andanzas de un personaje valiente y responsable al que no se le cerró el mundo y supo sobreponerse a su circunstancia. Mi Abuelo se forjó un porvenir contradiciendo los augurios y rompiendo los moldes de su propia familia: se casó con María Luisa hija del General Miaja (aun cuando en su casa le dijeron que no estaba a la altura para contraer matrimonio con la hija de un militar de la Republica Española de tal rango); se emancipó de sus hermanos para tener su muy modesto pero propio negocio en la Ciudad de México; y más adelante dejó su patrimonio en la capital del país para buscar nuevos horizontes en el estado de Michoacán. Los pasos que dio Alfonso Álvarez fueron siempre firmes y sobre el camino del éxito.

A Morelia llegó para establecer la Distribuidora Michoacana de Automóviles. Y aunque ésta era una tierra desconocida para él, no lo era tanto para Fernando Rodríguez Miaja (el primo de mi abuela y esposo de su hermana Pepita). Con su concuño se asoció para arrancar el negocio con matriz en la capital y una sucursal en Uruapan. ‘Ya llegó Rockefeller’ murmuraban los cafeteros de ‘El Panal’ cuando arribaba el Ing. Rodríguez Miaja a tomar café en el extinto local de la Avenida Madero. La razón era que el coche de mi Tío, un Lincoln color negro de amplias carrocerías, no se veía muy seguido por estas calles. Al cabo de algunos años mi Abuelo se quedó como único propietario de la distribuidora pagando ‘religiosamente’ hasta el último centavo del valor de sus acciones a mi Tío Fernando y la relación que tuvieron perduró conservando el respeto y la amistad. ‘La única discusión que tuve con tu Abuelo fue por un partido de futbol’ recuerda siempre mi Tío.

‘Quien tiene un amigo tiene un tesoro’ y para mi Abuelo existían pocas cosas más importantes que la amistad. En una ocasión me preguntó que si yo practicaba algún deporte; a mi respuesta negativa replicó con un consejo: ‘escoge un deporte (el que tú quieras) y dedícate para que hagas un buen grupo de amigos’. Alfonso Álvarez Barreiro tuvo muchos y muy buenos de ellos. Con algunos se juntaba para realizar proyectos altruistas y con otros para hacer negocios; con unos se reunía para hablar de política y con todos se juntaba ‘a tomar la copa’. Hubo un grupo muy especial que le dio grandes momentos de satisfacción y alegría: junto a algunos de sus compadres y otros allegados formaron una directiva con el objetivo de hacer que el equipo de futbol de la ciudad, el Atlético Morelia, subiera a la primera división. Con ese nombre bautizaron ellos mismos el referente histórico de lo que hoy es Monarcas Morelia y hasta promovieron (y lograron construir) el Estadio Morelos. Todos sus amigos fueron parte fundamental en su vida y él se dedicó a cultivar su amistad.

Don Alfonso era un hombre serio, de mucho carácter y a la hora de cumplir había que hacerlo de manera exacta. ‘La puntualidad es don de reyes y virtud de caballeros’ nos adoctrinaba mi Abuelo que tenía poca paciencia y pecaba de ser puntual. Y así como lo hacía de puertas para adentro influía también en sus trabajadores y hasta en su círculo de amistades. Pero ese no era el único rasgo de educación que lo caracterizaba. Era un hombre de mundo, formal, aseado, reservado y muy cortés. Evitaba decir malas palabras y desestimaba a los hombres que no se rasuraban diario. En los restaurantes saludaba estrictamente descendiendo casi nada la cabeza ‘aunque se apersonara la mismísima Elizabeth Taylor’ y se ceñía con rigor a una de las recomendaciones que El Inválido le da a Andrés antes de partir en el poema de Antonio Plaza: ‘…de todos piensa muy mal; pero habla muy bien de todos.’

Al lado de María Luisa Miaja Isaac, Don Alfonso formó su familia y tuvieron cuatro hijos: Patricia (q.e.p.d.), Gloria, Alfonso y Emilio. De sus matrimonios con Manuel Bartlett, Olivia Abraham e Ybett Abouchard respectivamente nacimos seis nietos: León Manuel, Alejandra, Olivia, Natalia, Alonso y yo. La casa de mis abuelos fue siempre el centro de reunión: los sábados para tomar el aperitivo en el bar, los domingos para comer la familia al completo y los fines de año para celebrar la navidad. Todas las reuniones giraban siempre en torno a la comida, el vino, el futbol y la música que ponía mi Abuelo. De algunas de ellas salieron viajes inolvidables y de todas grandes enseñanzas que me han formado y atesoro con profunda admiración.

Estoy convencido que el interés que suscitará este libro se extenderá más allá de quienes conocimos a mi Abuelo de puertas para adentro. Tan solo en el estricto sentido de la narración de sus más de 90 años de vida entrelazados con la historia del desarrollo de Michoacán; pero más por los logros y las metas conseguidas por una persona tan activa y exitosa. Don Alfonso destacó más allá de su actividad profesional principal como lo fue la distribución de vehículos de diferentes marcas en el estado de Michoacán y llegó a ser un actor principal en el desarrollo urbanístico, social, deportivo, empresarial e industrial realizando con éxito proyectos en pro de los habitantes de la ciudad y del estado. Con la misma responsabilidad que lideró el Club Rotario de Morelia y la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automóviles (AMDA), asumió la presidencia del equipo Atlético Morelia; y con el mismo compromiso que impulsó la construcción del Estadio Morelos, promovió la creación del Club Campestre de Morelia.

Hubo un tiempo no muy lejano en que al menos media Morelia conocía a Alfonso Alvarez Barreiro. ‘El hombre no es de donde nace, es de donde pace’ decía él mismo. Y ‘Don Alfonso’ como era conocido y reconocido en Morelia, llegó a esta ciudad no solo para trascender en la vida profesional, si no para destacar en todos los ámbitos en los que se hizo presente. Tan necesario es el testimonio como importante es su ejemplo. Cuando conocí a mi Abuelo él estaba en el último tercio de su vida y yo era todavía un mequetrefe. Conforme he crecido, cada refrán, cada frase y cada consejo es más atinado; y conforme ha pasado el tiempo me he dado cuenta que la congruencia con la que vivió es digna de aplaudirse. En la vida de Don Alfonso, las puertas eran de cristal.

Emilio Alvarez Abouchard

Morelia, Michoacán, 2017.

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La Salzburgo de América.

(Artículo publicado en Artes y Vida del Diario Provincia noviembre 2014)

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Como es ya del dominio popular, las citas culturales que suceden en nuestra señorial Morelia se han consolidado no solo a lo largo y ancho del territorio mexicano: la proyección internacional que han logrado varios de nuestros famosos festivales ha sido un trabajo enormemente plausible que ha posicionado nuestro estado como un referente cultural más allá de nuestras fronteras. Desde su creación, los eventos estelares del calendario suceden en otoño y son: el Festival Internacional de Órgano de Morelia, el Festival Internacional de Cine de Morelia y el Festival de Música de Morelia los encargados de auspiciar la nutrida ‘Temporada de festivales’ en la capital del estado de Michoacán. Junto a su equipo de colaboradores, Verónica Bernal funge como anfitriona de la edición XXVI del Festival de Música ‘Miguel Bernal Jiménez’ con la creación del Coro de la Transformación, una agrupación sui generis con sede en Jesús del Monte y un programa tan diverso como extenso en el que músicos mexicanos alternan con sus homónimos extranjeros habituales.

Miguel Bernal Jiménez, moreliano de nacimiento, se consagró como músico durante la agitada época post-revolucionaria. Su ideología no fue impedimento para desarrollar una prolífera carrera académica y profesional. Lo mismo tocaba el órgano en la Catedral que dirigía a los Niños Cantores de Morelia; el coro que creó hace más de medio siglo en el Conservatorio de las Rosas.  Promotor incansable de la música, Don Miguel compuso música litúrgica y para escena, himnos, sonatas, sinfonías y villancicos de navidad; y ostentó los títulos de Doctor en Canto Gregoriano, Maestro de Composición y Concertista de órgano.

La creación del Festival Internacional de Música supuso un homenaje propuesto por su estirpe para hacer perdurar el legado de Bernal Jiménez, pero sobre todo (me atrevo a afirmar) para continuar con su incansable misión de crear y difundir la música por todo el mundo. Inspirados en el Conservatorio de las Rosas (el más antiguo de América) los géneros de música interpretados en los escenarios del FMM han sido tan diversos como los formatos de los conciertos celebrados. Orquestas, filarmónicas, grupos, tríos y solistas han emocionado a tantos con sus notas en nuestra autóctona Fête de la Musique.

Entre los músicos más famosos que han visitado nuestra ciudad El Cigala ha sido uno de los que más controversia ha causado. España era el país invitado en de la edición XIX y el numero más esperado era el del cantaor madrileño en la Plaza Valladolid. Con lleno total y un cielo que anticipaba lluvia, el interprete de Lagrimas Negras tardo casi una hora en salir al escenario montado a los pies de la iglesia de San Francisco, pues su superstición de gitano le impedía ser alcanzado por las gotas de agua.

Con el coro de los Niños Cantores de Morelia como referente, el Festival y la asociación Jóvenes Mexicanos en Movimiento A.C. crearon este año el Coro de la Transformación ‘Miguel Bernal Jiménez’ . La agrupación conformada por niños oriundos de la localidad de Jesús del Monte cuenta con 109 integrantes que conforman orquesta y coro. Todos y cada uno de los participantes del grupo son instruidos por profesores de música y son regalados de un instrumento que aprenden a tocar en sus clases extracurriculares. La música es el pretexto y el medio de los creadores que pretenden ‘crear buenos ciudadanos que sean capaces desarrollar sensibilidad, disciplina y perseverancia’.

Consagrados músicos de Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Finlandia, Alemania, Rusia, Argentina, Suiza, Rusia y Polonia estarán presentando sus acordes este año junto a la Orquesta Sinfónica de Xalapa, el Grupo Segrel, Guadalupe Pineda, el Coro Promúsica, Alejandro Escuer, la Orquesta Sinfónica Nacional, el Coro Suma de Voluntades y por supuesto los Niños Cantores de Morelia. Con Actividades Paralelas, Clases Magistrales y Conferencias; el FMM se complementa para presentar un programa extenso en un formato especial dividiendo el contenido en tres fines de semana consecutivos para la edición que arranca el día de hoy y finaliza el 20 del mes en curso.

Veintiséis años son ya desde que comenzó este homenaje al apodado ‘Arte de las musas’ en el que la difusión de música de todo el mundo por estos lares respalda el trabajo de los que hacen realidad esta importante cita. Los esfuerzos por presentar un programa variado y sobre todo interesante se conjugan este año con los esfuerzos por ayudar a ‘transformar’ a los habitantes de una zona que se encuentra prácticamente en Morelia a través de la música. Es gracias a ellos y a todos lo que organizan las no pocas citas culturales que se llevan a cabo en nuestra ciudad, que (sobra mencionar) Morelia se ratifica como referente cultural indiscutible a nivel mundial y sus habitantes nos sentimos orgullosos de ella. Disfrutemos un año más de esta enriquecedora edición y deleitémonos con los acordes que comienzan ya a retumbar por nuestros rincones.

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Morelia, de cine.

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Hace doce años comenzó en nuestra ciudad el rodaje de una historia llena de éxitos. La visión global de Alejandro Ramírez; el espíritu creativo de Cuauhtémoc Cárdenas Jr. y el profundo conocimiento de Daniela Michel han sido los detonantes para, junto a un nutrido grupo de colaboradores, materializar este guion que se escribe con tinta indeleble en la historia de Morelia. El Festival Internacional de Cine de Morelia arranca hoy su décimo segunda edición y lo hace rodeado de una gran expectativa y de los vítores habituales.  Si las inaceptables conductas de nuestros políticos han sido de película, la muestra mexicana de cine más importante a nivel internacional es la ocasión perfecta para demostrar que en nuestro estado hay mucho más de lo que se proyecta en el mundo entero.

Con dos ciudades patrimonio como sedes para la magna celebración, Morelia y Patzcuaro recibirán a lo más granado de la comunidad cinematográfica internacional quienes se daran cita estos días para apreciar no solo cortometrajes y largometrajes extranjeros: el trabajo de cineastas michoacanos será reconocido, como todos los años, a través de la Sección michoacana y el Concurso Michoacano de guión de Cortometraje.

Para la función inaugural y casi como acto de superstición, el segundo del segundo lustro repite la fórmula del año anterior: Director Mexicano + Actores de Hollywood. Alejandro González Iñarritu llega hoy con Birdman a las salas de Plaza Morelia de la mano de Michael Keaton y Edward Norton. La película del ‘Negro’ abrió también la Mostra de cine de Venecia este año tal como lo hacía Cuarón y su Gravity el año anterior: en La Ciudad de los canales y en La Ciudad de la cantera rosa. Para no parar con las coincidencias, Emmanuel ‘El Chivo’ Lubezki, quien igualmente se encargó de la fotografía de la multipremiada  película de Alfonso Cuarón,  encabeza la Dirección de fotografía de esta, la primera proyección del FICM. Dos directores, dos películas, dos ciudades y dos festivales que podrían converger en el máximo galardón de la inductria cinematográfica el año entrante ¿será?

Birdman es la historia de un actor (Keaton) que quiere dejar atrás su fachada de superhéroe que le dio fama por la interpretación del titán que da el título a la película. El otrora -hombre pájaro- adapta un cuento de Raymond Carver, ‘De qué hablamos cuando hablamos de amor’, en una producción de Broadway poco exitosa que pretende ser su homenaje al escritor, a quien conoció en sus juventudes. Sus anhelos de honrar a Carver, quien lo alentó en sus inicios, lo llevan a contratar un actor de Hollywood como coprotagonista (Norton) para mantener a flote un barco que parece hundirse junto con sus relaciones sentimentales.

Por la alfombra roja del Festival de Cine han desfilado decenas de concebidos personajes de la industria quienes junto con los que nos hemos sentado en las butacas de Cinepolis, han disfrutado de inolvidables proyecciones. Los invitados de honor este año son Juliette Binoche, Amos Gitai, Pawel Pawlikowski y Pierre Rissient. Actriz, Director, Cineasta y Promotor; todos ellos se codearán con los habitués que año con año se deleitan con el cine, la gastronomía, las calles y los extraordinarios monumentos que engalanan nuestra ciudad. Si el FICM está a la altura de viejos y consagrados festivales como Venecia, Toronto, San Sebastián y Cannes (con el que además colabora en la Semana de la Crítica) nuestra ciudad no es la excepción. Morelia es la gran anfitriona de este y otros festivales culturales de talla internacional que no ha decepcionado ni a los creadores de la cita, interesados en que los convidados disfruten tanto de la ciudad como lo hacen del séptimo arte.

Celebremos pues, una vez más, esta manifestación de cultura, arte y talento. Una celebración en la que el cine es el pretexto perfecto para demostrar las buenas prácticas de tantas personas valiosas y que nos da motivo para seguir creyendo en nuestro estado y en nuestra ciudad. Este extraordinario evento de ancho calado servirá, no solo para intentar borrar las intolerables escenas que hemos visto pasar en lo más alto de nuestras administraciones, si no para promocionar y sentirnos orgullosos de nuestra regia Morelia. Cantemos “México lindo y querido” compuesta por nuestro paisano Chucho Monge, a quien se rinde tributo esta edición , y disfrutemos de nuestra hermosa ciudad, tan excepcional que pareciera que solo existe en el cine.

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(Artículo publicado en Les habitués de FC Gente con Estilo del Diario Provincia, 20 octubre 2014)

El primero del segundo lustro.

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Con bombo y platillo arrancó el fin de semana anterior la mexicana cita con el séptimo arte. La señorial capital del estado de Michoacán se vestía de manteles largos para recibir a lo más granado de la comunidad cinematográfica internacional. Alfonso Cuarón apadrinaba el primer festejo de la segunda década del consagrado Festival Internacional de cine de Morelia con Gravity. Alejandro, Daniela y Cuauhtémoc, los flamantes creadores de la célebre eventualidad, daban el pistoletazo de salida mientras el aclamado director agradecía la proyección de su cinta en salas. El capricho de Cuarón fue atinadamente concedido y la ceremonia de inauguración tomó lugar en un entorno que no era el habitual. El cacareado largometraje protagonizado por dos de los más conocidos rostros de Hollywood comenzaba con retraso en distintas salas de Cinepolis Plaza Morelia el viernes por la tarde. Obra de Manuel Rocha (padre del arquitecto Mauricio Rocha), el teatro José María Morelos y Pavón ha sido sede de anteriores ceremonias de inauguración, verbigracia la de la décima edición. El estreno de ‘No’ del chileno Pablo Larraín se proyectaba por todo lo alto con Gael García como actor principal de la cinta e indiscutible protagonista del evento en un no muy lejano 2012. El recinto teatral se ha convertido en el sitio oficial de la proyección inaugural de un festival  cinematográfico de talla internacional. Los asistentes a la primera proyección del FICM disfrutamos de Gravity con los lentes bien puestos en formato 3D. Las profecías se cumplían al transcurrir de las imágenes de Sandra Bullock flotando en el infinito. Como apuntaría Carlos Boyero, la película nos tenía en una ‘tensión de primera clase’. No era solo el descontrol de los cuerpos oscilando en gravedad cero lo que nos ponía al filo del desespero; las inmejorables interpretaciones de la talentosa Bullock y el magnífico George Clooney nos obligaban a acompañarlos en su incertidumbre por sobrevivir y su angustia de regresar a salvo a la vida terrenal. La ansiedad se apersonaba constantemente durante la hora y media de proyección. Mientras los astronautas fluctuaban en un abismo espectacular incorrectamente proclamado ‘espacio’, los cinéfilos nos afianzábamos más a la butaca. Los límites del infinito son inexistentes y los cuerpos quedaban constantemente a la deriva dejando como estela un resquemor poco habitual entre los que gozábamos de la epatante función. Fue el desconcierto mismo que nos hizo perder uno de los cabos de la historia.  El cortometraje de Jonás Cuarón se proyectaba acto seguido de los créditos del largometraje de su padre como parte de la historia de la cinta. La aclamada película escrita por el clan Cuarón (padre e hijo) había sido presentada en otras importantes citas de la gran pantalla. San Sebastián acogió de maravilla la película de los mexicanos y la 70 edición de la Mostra de Venecia abría su ciclo con Gravity y sus protagonistas. Tanto allá como aquí la aceptación fue rotunda y los augurios se han ido cumpliendo uno detrás del otro. Ya con la luna a cuestas, puntual arribaba la concurrencia al coctel de inauguración en el insuperable Palacio de Gobierno de Michoacán. La colorida y tradicional Danza de los Viejitos abría la pista de baile colocada en el patio principal del palacio. Bajo la mirada atenta de los revolucionarios de Zalce, los jocundos acordes de la fémina al torno ponían a bailar a los trasnochados cinéfilos. El ánimo nocturno se extendió hasta la tarde del día siguiente con el arribo de una escuálida estudiantina que se paseaba por los portales de la otrora Calle Real de Morelia. El abarrotado corredor compartía viandantes con una concurrida Cerrada de San Agustín. Javier Marín hace uso de este espacio para ponerse a tono con Alfonso Cuarón. Una tercia de colosales cabezas de bronce parece haber caído en la mitad de la ciudad imitando el gesto de la capsula de la Dra. Ryan Stone. El artista lanza el contrapunto poniendo por manifiesto el efecto de la gravedad que el director desafiaba para rodar su película. El emocionante gesto de las habitables esculturas nos generaba, como lo había hecho Gravedad, un sinfín de sentimientos. El encuentro de las artes y  de viejas amistades en un entorno inmejorable, nos conducían al éxtasis mientras chocaban nuestras copas. Por el cine, por el arte, por los amigos y por la ciudad de la cantera rosa.

Historias que se beben.

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Escondido detrás de la puerta del número 511 de la colonial calle de Bartolomé de las Casas, un íntimo y agradable entorno sorprende los parroquianos que suenan la puerta para ingresar al (michoacanísimo) paraíso. Bautizada como mezcalería, Tata es mucho más que una cantina de elite moreliana. El concepto de ofrecer a los comensales una ‘cocina de autor’ inspirada en ‘lo autóctono y lo regional’ marcha fenomenal bajo la batuta de Fermín Ambas, quien forjado en los porteños fogones de Buenos Aires consigue un equilibrio estupendo en cada una de sus creaciones logrando el agasajo total de la concurrida convocatoria. Al ojo del amo engorda el caballo y los creadores del it place de Morelia lo tienen claro, son ellos mismos quienes reciben a su gente como quien abre la puerta de su casa. El espíritu del restaurante recupera la antigua usanza de nuestra tierra y resulta tan propio y original que deviene una experiencia completa.  La tradición artística de la mano michoacana se aplaude en el Tata; el mobiliario, diseñado y fabricado en Pátzcuaro ex profeso para el lugar, convive con creaciones de cobreros de Santa Clara y alfareros de Capula quienes contribuyeron con sus piezas para, junto con artistas contemporáneos morelianos, lograr una armonía en el paramento del restaurante.  Interesantes pinturas, fotografías y grabados cuelgan de las paredes de la añeja casa en el primer cuadro de la ciudad, son ellas quienes probablemente contarían las historias de los convidados, todos amigos, que se acodan en el intrínseco e insuperable patio de Tata para degustar los manjares morelianos regados todos de mezcales y cervezas artesanales.

Bartolomé de Las Casas 511, Morelia, Michoacán

http://www.tatamezcaleria.com.mx