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La Salzburgo de América.

(Artículo publicado en Artes y Vida del Diario Provincia noviembre 2014)

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Como es ya del dominio popular, las citas culturales que suceden en nuestra señorial Morelia se han consolidado no solo a lo largo y ancho del territorio mexicano: la proyección internacional que han logrado varios de nuestros famosos festivales ha sido un trabajo enormemente plausible que ha posicionado nuestro estado como un referente cultural más allá de nuestras fronteras. Desde su creación, los eventos estelares del calendario suceden en otoño y son: el Festival Internacional de Órgano de Morelia, el Festival Internacional de Cine de Morelia y el Festival de Música de Morelia los encargados de auspiciar la nutrida ‘Temporada de festivales’ en la capital del estado de Michoacán. Junto a su equipo de colaboradores, Verónica Bernal funge como anfitriona de la edición XXVI del Festival de Música ‘Miguel Bernal Jiménez’ con la creación del Coro de la Transformación, una agrupación sui generis con sede en Jesús del Monte y un programa tan diverso como extenso en el que músicos mexicanos alternan con sus homónimos extranjeros habituales.

Miguel Bernal Jiménez, moreliano de nacimiento, se consagró como músico durante la agitada época post-revolucionaria. Su ideología no fue impedimento para desarrollar una prolífera carrera académica y profesional. Lo mismo tocaba el órgano en la Catedral que dirigía a los Niños Cantores de Morelia; el coro que creó hace más de medio siglo en el Conservatorio de las Rosas.  Promotor incansable de la música, Don Miguel compuso música litúrgica y para escena, himnos, sonatas, sinfonías y villancicos de navidad; y ostentó los títulos de Doctor en Canto Gregoriano, Maestro de Composición y Concertista de órgano.

La creación del Festival Internacional de Música supuso un homenaje propuesto por su estirpe para hacer perdurar el legado de Bernal Jiménez, pero sobre todo (me atrevo a afirmar) para continuar con su incansable misión de crear y difundir la música por todo el mundo. Inspirados en el Conservatorio de las Rosas (el más antiguo de América) los géneros de música interpretados en los escenarios del FMM han sido tan diversos como los formatos de los conciertos celebrados. Orquestas, filarmónicas, grupos, tríos y solistas han emocionado a tantos con sus notas en nuestra autóctona Fête de la Musique.

Entre los músicos más famosos que han visitado nuestra ciudad El Cigala ha sido uno de los que más controversia ha causado. España era el país invitado en de la edición XIX y el numero más esperado era el del cantaor madrileño en la Plaza Valladolid. Con lleno total y un cielo que anticipaba lluvia, el interprete de Lagrimas Negras tardo casi una hora en salir al escenario montado a los pies de la iglesia de San Francisco, pues su superstición de gitano le impedía ser alcanzado por las gotas de agua.

Con el coro de los Niños Cantores de Morelia como referente, el Festival y la asociación Jóvenes Mexicanos en Movimiento A.C. crearon este año el Coro de la Transformación ‘Miguel Bernal Jiménez’ . La agrupación conformada por niños oriundos de la localidad de Jesús del Monte cuenta con 109 integrantes que conforman orquesta y coro. Todos y cada uno de los participantes del grupo son instruidos por profesores de música y son regalados de un instrumento que aprenden a tocar en sus clases extracurriculares. La música es el pretexto y el medio de los creadores que pretenden ‘crear buenos ciudadanos que sean capaces desarrollar sensibilidad, disciplina y perseverancia’.

Consagrados músicos de Inglaterra, Estados Unidos, Francia, Finlandia, Alemania, Rusia, Argentina, Suiza, Rusia y Polonia estarán presentando sus acordes este año junto a la Orquesta Sinfónica de Xalapa, el Grupo Segrel, Guadalupe Pineda, el Coro Promúsica, Alejandro Escuer, la Orquesta Sinfónica Nacional, el Coro Suma de Voluntades y por supuesto los Niños Cantores de Morelia. Con Actividades Paralelas, Clases Magistrales y Conferencias; el FMM se complementa para presentar un programa extenso en un formato especial dividiendo el contenido en tres fines de semana consecutivos para la edición que arranca el día de hoy y finaliza el 20 del mes en curso.

Veintiséis años son ya desde que comenzó este homenaje al apodado ‘Arte de las musas’ en el que la difusión de música de todo el mundo por estos lares respalda el trabajo de los que hacen realidad esta importante cita. Los esfuerzos por presentar un programa variado y sobre todo interesante se conjugan este año con los esfuerzos por ayudar a ‘transformar’ a los habitantes de una zona que se encuentra prácticamente en Morelia a través de la música. Es gracias a ellos y a todos lo que organizan las no pocas citas culturales que se llevan a cabo en nuestra ciudad, que (sobra mencionar) Morelia se ratifica como referente cultural indiscutible a nivel mundial y sus habitantes nos sentimos orgullosos de ella. Disfrutemos un año más de esta enriquecedora edición y deleitémonos con los acordes que comienzan ya a retumbar por nuestros rincones.

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Maestro con M de Morelia.

(Artículo publicado en Les habitués por Emilio Buenavida en el suplemento FC Gente con Estilo del Diario Provincia #420 17 de enero del 2014)

Alfredo Zalce y sus bailarinas

Alfredo Zalce y sus bailarinas

Hace 106 años que Alfredo Zalce abrió sus ojos por primera vez en la región sur del lago de Pátzcuaro. Fueron sus observaciones las que, a través del tiempo, nos han permitido a tantos conocer y reconocer los exquisitos paramentos y valores culturales de nuestra tierra. Sus insuperables interpretaciones de lo cotidiano se unen a los usos y costumbres de nuestros paisanos y a los aires de un México post-revolucionario para retratar sus sentimientos y los pasajes de su vida. Sus coloridas pinturas, estilizadas esculturas y conmovedores grabados, nos han hecho gozar, reflexionar y sonreír a quienes nos conmueve su trabajo.

Aquellos afortunados que tuvieron el privilegio de convivir con el Maestro son inminentes testigos de su eterno compromiso con el trabajo. Fue el perpetuo matrimonio que sus manos mantuvieron con el lápiz lo que lo llevo a participar en la escena principal de una obra dirigida por José Vasconcelos, cuyo reparto de primera línea incluía nombres como el de Diego Rivera, con una nación que educar como telón de fondo.

Alfredo Zalce Torres regresó a territorio purépecha a mediados del siglo XX después un largo peregrinaje por la Ciudad de México y la península yucateca. Habiendo participado en diversos colectivos educativos (como maestro de primaria y en las Misiones Culturales) y artísticos (LEAR, TGP) en pro de la enseñanza en México, el calificativo de maestro lo llevaba pintado en el lienzo de su biografía. Zalce llegó a Morelia en 1950 para establecer definitiva residencia en la concurrida Avenida Camelinas y fundar, en esta misma dirección, la que sería su última morada y un taller de especial carácter.

Su estética cubista le valió para retratar tanto objetos como paisajes (Casa del cerro, 1975), personas y animales (El Gallo, 1979), y oficios y disciplinas (Adoberos, 1979), fascinando a tantas y tantas personas con su trazo y colorido. Zalce recurrió a los grandes nombres de las vanguardias europeas para crear un lenguaje propio e interpretar sus imaginarios a través del colorido de Matisse; retratar sus vivencias y costumbres en grandes lienzos como lo hiciera Chagall; y esculpir sus jocosas bailarinas con el gesto de las Señoritas de Avignon que pintara Picasso.

Don Alfredo encontró inspiración en cada persona, en cada rincón y en cada oficio que conoció. Dignificó siempre a los indígenas y enalteció la belleza de la mujer en la mayoría de sus trabajos. Su extensa producción no se limitó a la pintura y la escultura: el virtuoso artista exploró en terrenos tan diversos como la joyería, la cerámica y los tejidos, pasando por el grabado y la litografía. Un creador multidisciplinario cuya bandera era la humildad y no poseía ningún empacho en aprender de sus alumnos en un excepcional taller de puertas abiertas. Así, sus siempre queridas alumnas se convertían en sus musas, colaboradoras y, en algunos casos, hasta instructoras. El consagrado mentor, cuyos alumnos y admiradores con gran cariño y profundo respeto se referían a él como El Maestro, heredó sus conocimientos a un sinfín de personas y formó una cantidad importante de artistas de gran proyección, incluyendo nombres como el de Juan Torres, Gerónimo Mateo, Mara, Mizraím Cárdenas, entre muchos otros.

Impulsor de causas sociales, inquieto educador del pueblo, artista multifacético y enamorado de la figura femenina, Zalce dejó un legado artístico invaluable y un cúmulo de personas que lo recuerdan con especial afecto y admiración. Hace 11 años que el Maestro cerró sus ojos en esta ciudad para dejar de mirar y, aunque a muchos nos encantaría pasar por su cochera y volver a encontrarlo leyendo el periódico, o circulando por las calles en su antigua Brasilia, aquellos amigos, y sus admiradores, nos quedamos con lo más vivo del Maestro: su obra.

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Historias que se beben.

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Escondido detrás de la puerta del número 511 de la colonial calle de Bartolomé de las Casas, un íntimo y agradable entorno sorprende los parroquianos que suenan la puerta para ingresar al (michoacanísimo) paraíso. Bautizada como mezcalería, Tata es mucho más que una cantina de elite moreliana. El concepto de ofrecer a los comensales una ‘cocina de autor’ inspirada en ‘lo autóctono y lo regional’ marcha fenomenal bajo la batuta de Fermín Ambas, quien forjado en los porteños fogones de Buenos Aires consigue un equilibrio estupendo en cada una de sus creaciones logrando el agasajo total de la concurrida convocatoria. Al ojo del amo engorda el caballo y los creadores del it place de Morelia lo tienen claro, son ellos mismos quienes reciben a su gente como quien abre la puerta de su casa. El espíritu del restaurante recupera la antigua usanza de nuestra tierra y resulta tan propio y original que deviene una experiencia completa.  La tradición artística de la mano michoacana se aplaude en el Tata; el mobiliario, diseñado y fabricado en Pátzcuaro ex profeso para el lugar, convive con creaciones de cobreros de Santa Clara y alfareros de Capula quienes contribuyeron con sus piezas para, junto con artistas contemporáneos morelianos, lograr una armonía en el paramento del restaurante.  Interesantes pinturas, fotografías y grabados cuelgan de las paredes de la añeja casa en el primer cuadro de la ciudad, son ellas quienes probablemente contarían las historias de los convidados, todos amigos, que se acodan en el intrínseco e insuperable patio de Tata para degustar los manjares morelianos regados todos de mezcales y cervezas artesanales.

Bartolomé de Las Casas 511, Morelia, Michoacán

http://www.tatamezcaleria.com.mx