Máximo, de la granja al plato.

Máximo Bistrot Local-Buenavida

Máximo Bistrot Local-Buenavida

Tan enorme como el acto de arrogancia y prepotencia  protagonizado por la apodada Lady Profeco, fue la antesala para ocupar un lugar  en el mediático restaurante que ocupa la esquina de Tonalá y Zacatecas en la colonia Roma. Y es que en lo que va del jurásico sexenio, la hija del titular del organismo que vela por los derechos del consumidor (PROFECO), ocurrió clausurar el ‘Bistrot Local’, de nombre Máximo (previo numerito de spoiled child), al no ser asignada para engullir los sagrados alimentos en la socorrida terraza del local. La señorita (que de Lady ni la uña) olvidó la paciencia en casa y nosotros, después de una hora y media en la banqueta y bajo el sol, también. La insípida Hostess del Máximo nos escoltó al comedor principal para ocupar la tan añorada mesa en el tercer turno de la hora de comida y, como era de esperarse, al sencillo y reducido restaurante no le cabía ni un alfiler. Solo los meseros eran capaces de hacer circular las charolas con langostas y cafés entre las mesas y los comensales. La paciencia se apersonó en forma de ensalada nada más ordenar los alimentos: fuimos ofrecidos a una Ensalada de alcachofas y habas cortesía del chef para amainar el desespero. Contrario a lo que la gente piensa, el Máximo Bistrot Local no le debe la fama a la hija malcriada de ningún funcionario. Eduardo y Gabriela se han desmarcado de la oferta gastronómica conocida, seleccionando solo las mejores materias primas locales del día para, previo paso por la diminuta cocina (afrancesada, que no francesa), terminar en la elegante vajilla delante del afortunado visitante. Apadrinado por Enrique Olvera, y curtido en la cocina del neoyorquino Le Bernardin, el anfitrión se deslinda de sus experiencias previas para reinventarse y crear una cocina franca que apoya los productores locales y enaltece la calidad de sus materias primas preparándolas sin adornos. Para nosotros: Steak Tartare, Atún sellado en salsa de guajillo, Pasta verde con pancetta y tomate, y Rib-eye al punto. Delicioso. La comida que no merece ser esperada no merece ser servida  y en el Maximo Bistrot Local el ritual de la buena mesa es ineludible. Apaciéntese, goce y déjese consentir como Lady de a de veras.

http://maximobistrot.com.mx/maximo/

La Leche te hace bien.

La Leche

Entre latas, botes, frascos y tambos blancos desfilan comensales, meseros y platos con las exquisitas creaciones que se sirven en las impolutas mesas blancas del comedor más célebre de Puerto Vallarta. Los más frescos ingredientes encontrados en el mercado son los protagonistas de los platillos enlistados día con día en los pizarrones negros que dan contraste al característico ambiente monocromático del restaurante. El orden de la magnífica instalación de recipientes blancos dispuestos en enormes anaqueles que ‘abrazan y asombran a los que habitan el espacio’, emulan el carácter de una bodega láctica que se presenta limpia, sobria y elegante. Un almacén sui generis en el que la variedad de sillas dispuestas con atrevimiento llevan la firma de artistas contemporáneos de amplio renombre. El concepto, importado desde la Sultana del norte en 2008, fue ideado por el conocido diseñador gráfico Ignacio Cadena Rubio quien además de hermano, es socio del mediático chef tapatío. El blanco (blanquísimo) del almacén pretende caracterizar un lienzo en el que los platillos forman la composición y reclaman atención en un ambiente cuyo significado radica en ‘exaltar el núcleo del concepto: la cocina del chef Cadena’. La sensación de estar en un manicomio se disipa con la luz cálida y la primer bebida degustada en el Almacén Gourmet de Alfonso Cadena. La irreverencia del chef queda por manifiesto en el restaurante más conocido de la costa jalisciense; es el desconcierto mismo que detona emociones en los convidados al manjar cuyas delicias son servidas en vajillas dispares. Imperdible es un clásico del lugar: el fresquísimo Q.M.T. protagonista recurrente del menú. Con tres ambientes distintos y la atención que amerita las palmas, sobra cacarear el lleno total en el que noche con noche el saludo atento del progenitor del clan Cadena nos alienta a repetir la visita. En una noche de suerte, el cocinero cambia la cuchara por la guitarra para subir al pequeño escenario del comedor principal para hacer gala de sus dotes artísticos que no se reducen únicamente a su programa en elgourmet.com . Bajo la mirada de la fotografía de la mujer manchada de leche, el afamado chef es capaz de rematar la cena en con una experiencia incomparable.

http://www.lalecherestaurant.com/#/home

El ‘speakeasy’ colombiano

Barra NN elespectador

No obstante de tener como rival a la ciudad más innovadora del 2013 (Medellín), entre trancones y ajetreos la caótica capital colombiana se regocija de seguir siendo la ciudad más cosmopolita del país andino. A pesar de situarse al pie de la cordillera de los andes, el norte se pierde fácil entre calles y carreras que convergen y divergen en los atemporales edificios de ladrillo rojo del distrito capital del país. Es la Zona G la que se ufana de contar entre sus direcciones con algunos de los restaurantes más celebres del país además de seguir siendo uno de los referentes del acontecer social de Bogotá. En ella una pequeña pero colorida tienda hace las veces de ‘tapadera’ de uno de los establecimientos mejor concurridos de la ciudad. Los factores sorpresa son la constante del NN, un gran cartel con el nombre Miss Elania enmarca el mencionado almacén, el primer paso al misterioso restaurante. La época de la prohibición en Estados Unidos (1920-1932) es el concepto que trasladan Maurizio Mancini y Gerónimo Basile hasta el centro de Bogotá donde después de tropezar con ollas y fogones, hay que subir una estrecha escalera para descubrir el enorme piano de cola cuyos acordes superan el barullo de los comensales distribuidos en las dos plantas de la elegante mansión de la calle 71. El ‘speakeasy’ colombiano (que de hablar en voz baja tiene poco)  sirve platillos afrancesados de alta calidad creados ex profeso por el chef Nicolas de Zubíria.  Entre la ecléctica decoración del NN (No Name) sobresalen las lámparas ‘art deco’ que riegan de luz la enorme barra por la que desfilan las prohibitivas y más rebuscadas bebidas que se disfrutan a la luz de las velas. Como antaño, el carácter secreto del sitio y la selecta concurrencia del lugar confirman la añeja experiencia neoyorquina que trasladada a un entorno actual inhibe a los convidados recordar el trajín capitalino que ocurre al cruzar de vuelta la famosa cocina del excepcional restaurante.

Calle 71 # 5 – 70, Bogotá, Zona G, Colombia

fotografía: http://www.elespectador.com

Historias que se beben.

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Escondido detrás de la puerta del número 511 de la colonial calle de Bartolomé de las Casas, un íntimo y agradable entorno sorprende los parroquianos que suenan la puerta para ingresar al (michoacanísimo) paraíso. Bautizada como mezcalería, Tata es mucho más que una cantina de elite moreliana. El concepto de ofrecer a los comensales una ‘cocina de autor’ inspirada en ‘lo autóctono y lo regional’ marcha fenomenal bajo la batuta de Fermín Ambas, quien forjado en los porteños fogones de Buenos Aires consigue un equilibrio estupendo en cada una de sus creaciones logrando el agasajo total de la concurrida convocatoria. Al ojo del amo engorda el caballo y los creadores del it place de Morelia lo tienen claro, son ellos mismos quienes reciben a su gente como quien abre la puerta de su casa. El espíritu del restaurante recupera la antigua usanza de nuestra tierra y resulta tan propio y original que deviene una experiencia completa.  La tradición artística de la mano michoacana se aplaude en el Tata; el mobiliario, diseñado y fabricado en Pátzcuaro ex profeso para el lugar, convive con creaciones de cobreros de Santa Clara y alfareros de Capula quienes contribuyeron con sus piezas para, junto con artistas contemporáneos morelianos, lograr una armonía en el paramento del restaurante.  Interesantes pinturas, fotografías y grabados cuelgan de las paredes de la añeja casa en el primer cuadro de la ciudad, son ellas quienes probablemente contarían las historias de los convidados, todos amigos, que se acodan en el intrínseco e insuperable patio de Tata para degustar los manjares morelianos regados todos de mezcales y cervezas artesanales.

Bartolomé de Las Casas 511, Morelia, Michoacán

http://www.tatamezcaleria.com.mx

MUST MUEBLES

MUST MUEBLES

La serie MUST have/know comienza con esta selección de mobiliario cuyo carácter intemporal es sumamente destacable teniendo en cuenta que algunas piezas tienen más de 80 años de haber sido concebidas por sus creadores, algunos de ellos renombrados arquitectos del movimiento moderno del siglo XX. La inclusión del fabricante de dichas ‘piezas de arte’ se cita en el tercer apartado pues la licencia de fabricación de las mismas pertenece a las empresas mencionadas y vale la pena siempre adquirir un producto certificado.

La Soberana norteña.

La NacionalSe alza en la capital del otrora Nuevo Reino de León, un espacio digno de satisfacer y encantar a cualquier comensal que se atreva a ocupar un asiento en la ‘Cantina’ más exclusiva del norte de México. En la árida ciudad de las montañas y bajo el concepto de ‘…buscar los ritos y los sabores que enriquecen nuestra cocina…’ se ensalzan en La Nacional valores como la buena mesa y el trato (insuperable) a los clientes. La cocina autóctona regiomontana engalana la carta y comparte cartel con diferentes platos demostrando que la oferta gastronómica de Monterrey no se reduce al singular crío de la cabra. La experiencia comienza al poner el primer pie dentro del restaurante. Para comenzar, una cerveza y un sabroso granielote se pueden degustar de cortesía mientras se hace la concurrida antesala. La atención del equipo se hace presente en cada momento y en todos los detalles de la hermana menor de la familia ‘Nacional’ en la regiomontana colonia de San Jerónimo. La reina de la casa parte plaza en las elegantes mesas del comedor, la alcachofa asada además de ser exquisita, anteriormente catapultó al restaurante entre las lenguas de la sociedad regia. El reconocimiento del mencionado restaurante es ahora el pan suyo de cada día, el reflejo de su inigualable labor dentro del gremio se hace presente en todos sus platillos: desde los Tacos de Fideo hasta el Aguachile de Rib-eye, quienes merecen ser degustados por los paladares más exigentes. La Sultana del Norte, que en su tiempo fundara D. Diego de Montemayor, está orgullosa de tener a La Nacional, quien se viste con manteles largos para acoger a propios y extraños y demostrar, que en esta tierra, no se come solo carne asada.

http://www.lanacional.net/

Tatiana Bilbao


Nada mas encontrarme, en una de mis navegaciones por la red de El País, una obra de Tatiana Bilbao y ha sido todo leer y leer de la gran promesa de la arquitectura mexicana contemporánea. Aunque sus proyectos, su trayectoria y su vida son muy interesantes, en esta ocasión serán apuntes de su biografía y una exposición gráfica de una obra en particular lo que pretendo esbozar a través de estas palabras.

Nieta de exiliados de la guerra civil española y criada en el colegio familiar, el Colegio Bilbao, una de las arquitectas más prominentes de esta generación confiesa no haber aprendido en su alma máter todo lo que la ha llevado a conseguir los numerosos reconocimientos (nacionales e internacionales) con los que ha sido condecorada: la Universidad Iberoamericana. Otrora socia de Fernando Romero, antiguo compañero de clase y yernísimo del hombre más rico del mundo, aprendió de él ‘…a tocar puertas que se han abierto en las vetas que me interesan, como el arte contemporáneo…’. En su oficina, además de su hermana, colaboran 25 personas más provenientes de todas partes del globo terráqueo. Esa globalización de la que Bilbao es practicante parte, creo yo, de la realización de uno de sus proyectos más celebrados: la Sala de exhibiciones en el parque Arquitectónico de Jinhua. La reinterpretación de un jardín chino que convive además con obras de arquitectos de la talla del despacho suizo de Herzog & DeMeuron, catapultó a Tatiana Bilbao SC a la escena internacional. Y aunque pareciera que los reconocimientos a nivel mundial (entre otros: Premio de las artes de Berlín) y las numerosas publicaciones en las que ha llegado a figurar Bilbao fuera de nuestras fronteras pudieran desorbitar a la arquitecta, su preocupación e inquietud sigue siendo su país natal, en el que reclama se tomen en cuenta a los arquitectos para la planeación y gestión de sus ciudades. No obstante de ser la arquitecta de un mecenas sinaloense, cuya colección privada de arte asciende a 35 piezas de renombrados artistas internacionales, Tatiana es consciente de la situación de nuestro país; con su Taller de investigación MX.DF, trata de establecer y entender las relaciones que conforman la producción del espacio tanto público como privado en la ciudad de México y pretende acercarse a los habitantes quienes son al fin los usuarios de dichos espacios.  Su vínculo con el arte contemporáneo perdura, y además del proyecto anfitrión de las 35 piezas internacionales (Jardín Botánico de Culiacán), una de las puertas que se abatieron a su favor fue la del celebérrimo artista contemporáneo Gabriel Orozco. Roca Blanca es el nombre del proyecto firmado por Tatiana en Puerto Escondido, México. La casa enclavada en la idílica costa oaxaqueña reclama la pureza y la sencillez propia de la artista. En palabras de Orozco: “Creo que un artista tiene la responsabilidad de crear un universo que contenga la complejidad y la inmensidad de la capacidad humana.” Y en este sentido Bilbao tuvo la responsabilidad de crear ese universo: el universo como parte central del proyecto, el círculo de agua, la esfera como representación del universo. Los cuatro puntos cardinales que sitúan al ser humano representados con los cuatro volúmenes que emergen del centro de ese universo creado. En el observatorio astronómico Jantar Mantar de Nueva Delhi, en la India, encontró la imagen de referencia para el proyecto, donde dos hemisferios que representan los de la esfera celeste y les sirven a los estudiosos para observar en ellos los cuerpos astrales.

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Fotografías:

T. Bilbao: Laura Jimenez para Magis http://www.magis.iteso.mx/node/206

Roca Blanca: Iwan Baan http://www.iwan.com/iwan_index.php

Santana.

En excursión nocturna ex-profeso para probar las famosas Bravas del mítico Bar Tomas barcelonés, subimos (este verano) a lo alto de una de las colinas más conocidas de la Ciudad Condal.  La época del año presumíamos era la razón de encontrar el Tomas cerrado a piedra y lodo. Caminando cuesta arriba encontramos la plaza de Sarriá, este barrio tan conocido de Barcelona congrega vecinos y visitantes de todos lugares en sus calles y en esta, la conocida plaza que lleva el nombre del barrio. La animada terraza estival en la mitad de la plaza nos alentaba a asomarnos dentro de una antigua edificación contigua a la iglesia: una casa señorial del siglo XIV y de clara arquitectura gótica. 
El constate movimiento de meseros, perfectamente uniformados con camisas de divertidos estampados, recibe a la clientela (locales todos) en la barra de la entrada. La decoración del lugar es estupenda: sencilla, fresca y presentando siempre detalles como la madera (presente en todo el proyecto) y las lámparas burbuja que cuelgan del techo. La Hostess, muy amablemente nos recibió y pidió que esperáramos a que se desocupara una mesa lo cual sirvió para observar otros detalles del restaurante como la carta, las bebidas y la clientela. Este es un restaurante de diseño en el que se aprecia el rigor de la creatividad, la identidad y sobre todo el buen gusto. La carta incluye platos de clara influencia mediterránea que combina a su vez con platos tan típicos como el chuletón de buey (exquisito). Detalles como el diseño gráfico total del lugar  y el mencionado uniforme (diseños de una modista francesa) hacen que el lugar adquiera un valor agregado y sobre todo una identidad propia. La cena estuvo muy bien, todos los platillos que probamos fueron todos de nuestro agrado, destacando el arroz con boletus y trufa y el antes mencionado chuletón. El  restaurante pertenece al barcelonés Grupo San Telmo y el diseño interior del restaurante corrió a cargo de la exitosa interiorista catalana Pilar Líbano. En el  sitio web del grupo restaurantero se pueden encontrar más ofertas gastronómicas de primer nivel desde donde nos reiteran, una vez más, la preocupación por el diseño en todos sus proyectos.

http://www.gruposantelmo.com/restaurantes/santana/

http://www.gruposantelmo.com/

http://www.plibano.com/

Crónicas de viaje: Croacia.

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Día 1

Saliendo victoriosos del clima infernal del verano madrileño en vuelo comercial desde Barajas aterrizamos a las 10:25 de la mañana en Dubrovnik.  Lo primero fue encontrarnos con un aeropuerto pequeño del que se disfruta dar el primer paso fuera del avión sobre la pista de aterrizaje. Lo segundo la ‘sanjuaneda’ que hizo favor de darnos en Madrid la casa de cambio en la que adquirimos las Kunas croatas (estaban más baratas en el aeropuerto de destino).

Para comenzar la peregrinación al centro de la ciudad tomamos el autobús que nos llevo hasta la puerta Pile de la ciudad amurallada. Recibidos por una gran oleada de turistas el primer respiro fue de frescura y novedad. La imponente muralla de piedra contrastada con el azul intenso del mar nos puso de buen humor para comenzar la aventura en este, el paraíso, como lo designaría Bernard Shaw. Primer paso: comer. Fuimos recomendados a una terraza en la misma puerta Pile con vistas al mar, Duvravnka. Comimos bien, sin duda lo más valioso del lugar fue el clima, las vistas y el cómodo mobiliario que nos dejaba con un excelente sabor de boca por el cálido trato del mesero en todo momento.

Cold Drinks ponía el letrero clavado en el costado sur de la muralla. Un pequeño hueco enmarcaba la frondosa vegetación tropical y en segundo plano el inmenso mar añil: puro, intenso y brillante.  Al descender la vertiginosa escalera llegamos al oasis, un bar enclavado en las rocas que soportan la muralla con vistas estupendas de la isla vecina y la propia Dubrovnik. Del mismo bar se desciende otra vertiginosa y estrecha escalera hasta llegar al límite del mar con las rocas. La oportunidad de bañarse y tomar el sol en las enormes rocas hace que la experiencia sea absolutamente asombrosa. El color del mar es tan claro que se observa el fondo rocoso y la fauna de la zona y desde este, se contempla la ciudad, la isla y los dominantes muros que algún día sirvieron para proteger la ciudad.

Deseosos de bañarnos esta vez en la playa nos despedimos del idílico paisaje para cruzar el casco antiguo y llegar a una pequeña playa enclavada en el mar Adriático. La ciudad amurallada, de  estrechas calles, piedra caliza, molduras verdes en las ventanas, numerosos arcos y puentes interiores es un paraíso completo. Las sombras son las protagonistas de los pequeños e interesantes rincones presentes por doquier. Los pequeños pasillos y túneles que no son tocados por el sol hacen que los paseos por la ciudad sean más llevaderos en los días de calor. La pequeña playa situada a un costado del casco amurallado nos recibía por la tarde después del fascinante paseo con helado incluido. El club de playa EASTWEST, abierto al público para acoger (previo pago) a los visitantes en sus tumbonas blancas fue nuestro anfitrión. El atardecer desde la playa contemplando el puerto de embarcaciones turísticas se disfruta mientras las olas rompen con las piedras de la playa. Los turistas pronto van dejando el agua para regresar a sus respectivos aposentos y disfrutar más tarde de la noche croata.

Día 2

La avenida principal de la ciudad intramuros se llena de gente con el transcurso del día. Durante las horas soleadas el mármol que cubre el piso de la avenida principal se llena de brillo y la luz que cae desde arriba se refleja sobre el paseo para llena de luz las pequeñas bocacalles aledañas. Después de la hora de la comida y una fugaz visita a la catedral de Dubrovnik tomamos camino hacia el funicular detrás de la muralla para subir la imponente montaña. Las vistas desde el punto más alto de la ciudad son impresionantes. El cambio de color de la ciudad se produce conforme el teleférico asciende: los techos de teja roja se vuelven protagonistas del paisaje contrastando con el azul del mar y el verde de la vegetación. Un grupo de edificios se agrupan adentro de una delgada línea gris: la muralla. Por un lado se divisan a lo lejos las múltiples islas que conforman el territorio y el inmenso mar se antoja infinito desde las alturas. Las vistas bien podrían ser postales, conforme el funicular se acerca al nivel del poblado el color va cambiando una vez más, el rojo de los techos se va desvaneciendo mientras el funicular se sumerge en la basta vegetación como si de una selva se tratara. Después de una tarde más de playa regresamos paseando para disfrutar de las calles, fue así como descubrimos el color ámbar que pinta los imponentes muros en el ocaso. Dubrovnik es una de las ciudades más espectaculares de la costa Dalmacia con sus múltiples matices que fascinan a cualquiera.  Después de una merecida ducha ‘vuelve-a-la-vida’ salimos una vez más por la ciudad para celebrar nuestra despedida de esta fascinante costa del Adriático. Al cabo de un par de copas de vino tinto de la región, nos encontramos con el fascinante palacio del rector cuya fachada renacentista iluminada de manera especial invita al viandante a penetrar en el interior. La experiencia, aunque breve, fue estupenda. Una gran escalera de corte gótico protagoniza el patio interior flanqueado por una arquería corintia del periodo de dominio veneciano de la ciudad. Por la noche iluminación de la ciudad está perfectamente cuidada y la afluencia de turistas hace que la ciudad se sienta viva.

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Día 3

Desmañados para continuar con el completo pero abrupto itinerario que dispusimos, salimos de la estación de autobuses para dirigirnos hacia Split. A tan solo cinco horas de la ciudad amurallada de Dubrovnik se encuentra otro de los destinos más socorridos por el turismo en Croacia. Al subir al autobús todo parecía normal, turistas y locales desplazándose de ciudad en ciudad. A mitad del camino y después de tropecientas paradas continuas, un numeroso grupo de personas hizo su aparición en el pasillo del autobús. Dispuestos a trasladarse sin asiento y llegar hasta sus destinos abochornados compartimos todos los viajeros el medio de transporte con una variopinta concurrencia de autóctonos que amablemente saludaban a los turistas acomodados dentro del bus. Después del simpático recorrido por la costa dálmata llegamos a Split, el enorme y abarrotado puerto nos recibía con una temperatura altísima cuyo suelo quemaba nuestros pies. El recorrido de norte a sur y de este a oeste por el Palacio de Dioclesiano lo hicimos con maletas apreciando la antigua arquitectura y los interesantes rincones de la ciudad vieja. Después de una mala y lenta comida en la puerta oeste del antiguo palacio nos acercamos otra vez al puerto, esta vez para abordar el vaporeto que nos transportaría a Hvar. El destino más solicitado por jóvenes es también famoso por sus enormes valles de lavanda y su catedral, atracciones que poco nos importaban a juzgar por las recomendaciones nocturnas que nos proporcionaron.  Croacia funciona a la antigua usanza: los turistas que arriban al puerto son hostigados por los dueños de hoteles y pensiones para ofrecer su alojamient y Lucia, una amable señora a quien apodamos ‘MamaLucha’, fue quien nos recibió a nosotros. Con un masticado ingles y trabado italiano logro persuadirnos de ver los altos de su residencia particular donde acudimos en compañía de su supuesto sobrino quien no dijo ni ‘pío’ en todo el recorrido pero nos hizo cara cuando dijimos que teníamos apalabrado otro lugar para dormir. Después de la huida y ya con llaves en mano, preguntamos por la playa para calentar motores y salir de fiesta. Lo que encontramos fueron las orillas de la isla donde el mar choca con las rocas y que los croatas llaman playa. Mar, atardecer y vodka hacían el comienzo de nuestra noche. Náutico fue la primera parada, un pequeño pero bullicioso bar es el punto de reunión para autóctonos y turistas con espíritu fiestero. Los múltiples veleros llenos de jóvenes hacen escala obligada en Hvar. Al cierre de dicho bar, el vaivén de personas por el puerto nos mareaba, la oferta para salir después de los pequeños bares de la orilla del puerto se reduce a 3 lugares: Carpe diem, Veneranda y Pink Champagne (nuestro elegido). El gigantesco elevador nos deslumbraba y la amable bar tender nos servía chupitos a tutti plen. Noches alegres, mañanas tristes rezamos antes de dormir.

Día 4

Resacosos y cansados despertamos con hambre y ganas de playa. Habiendo terminado de comer paseamos por todo el puerto para llegar al edén. Hula Hula es un club de playa donde converge la muchachada para disfrutar del sol, la ‘playa’, buena música y mucha buena bebida. Atónitos y emocionados por el idílico paisaje (después de reconocer poco a poco gente que venía en el ferry, gente de la noche anterior y hasta gente que habíamos visto en Dubrovnik) nos despojamos de nuestras prendas para sumergirnos en las exquisitas aguas del mar Adriático. Los beats y las cervezas subían y bajaban y los convidados, borrachos de sol y champagne, bailaban y reían mientras contemplaban las guapas mujeres y las curvas que dibujan las islas croatas. El agua templada y exquisito clima del atardecer Mediterráneo invitaban a los presentes a zambullirse en el mar de Hvar y beber una copa más. Croacia, el país de las mil islas -y los mil gatos- nos volvía a sorprender no solo por el lugar, sino por el ambiente y el inspirador paisaje. Conforme el sol se ponía y las horas pasaban, la gente iba desapareciendo para reunirse más tarde en los múltiples locales que flanquean el puerto para apoyar a la Roja en la final de la Eurocopa. Pocos fans avistamos de la Forza Azurra, probablemente los croatas no simpaticen con ellos por el dominio que ejercieron en el territorio donde mucha gente celebraba el triunfo de la selección española.

Día 5

El dueño del apartamento que rentamos en una de las colinas de Hvar nos despertaba después de haber apagado el despertador. Quince minutos tuvimos para alistarnos y preparar las cosas para salir de su territorio. Para despedirnos de la vivaz isla situada al suroeste de Split y accesible en ferry desde el mismo puerto, desayunamos en un restaurante del puerto. Cobijados por un centenar de veleros, catamaranes, lanchas, barcos y cruceros hicimos nuestra última aparición por el puerto para después marchar en el vaporeto que nos transporto al puerto de Split. Fuimos recibidos otra vez por los múltiples propietarios de hoteles, apartamentos, cuartos y cuchitriles que amablemente nos ofrecían estancia a lo que contestábamos -No, thank you. We are leaving.- así dejábamos la playa y el mar de los cien azules para regresar en el ruletero autobús de paradas continuas hacia Dubrovnik. Después de las mil paradas, los controles de pasaporte y la estrecha carretera costera llegamos al lugar donde empezamos la aventura. La despedida no pudo ser superior, después de cuarenta y cinco minutos de espera, dos que tres corajes y un hueco en el estomago logramos ser sentados en las sultánicas sillas de la terraza del restaurante Taj-Mahal. El restaurante es lo mas similar a descifrar un enigma. El nombre es hindú, la comida es bosnia y está situado en la costa Dalmacia -se mezcla todo hasta obtener un cuento de las mil y una noches y taran: el Taj-Mahal-. La comida Bosnia posee influencias de la  comida turca, matices mediterráneos, los platos del centro de Europa y la cocina turca-otomana. La amplia carta es proporcional a la variedad de olores que se escapan de la pequeña cocina visible desde el exterior.

‘Pongamos que hablo de Madrid’

Ahora, después de haber vivido más de un año en la Villa del oso y el madroño, comparto los momentos y lugares que hicieron mon sejour madrileño el mejor. No cabe duda que como rezan los españoles ‘aquí se vive de maravilla’. Sobre todo se vive, en todo lo alto y ancho de la palabra. No hay más.Image

Un paseo.

La concentración de imponentes y detallados edificios madrileños de vanguardia rodean a la Cibeles haciendo de este paseo uno de los más bonitos de Madrid. Una de las calles que convergen en la fuente más famosa entre la peña futbolística, inmediatamente al norte de la Diosa tirada por los leones es el Paseo de Recoletos. Esta franja de la característica Avenida de la Castellana es la mejor forma de rematar con el paseo vanguardista madrileño. El gran corredor de Recoletos es simplemente estupendo. Romántico, acogedor, señorial y autentico; al Paseo lo engalanan sus enormes arboles, sus elegantes baldosas, los acordes del piano del Café Gijón, el kiosco art-nouveau de La Terraza y la variopinta concurrencia que recorre su cauce.

Una calle.

Almirante. Las calles más bonitas son las de este barrio coloquialmente apodado de Alonso Martinez. Estrechas, arboladas, actuales y soleadas se presentan entre otras, Piamonte y Conde de Xiquena. Vivas y apacibles son sus aceras y la calle del Almirante de día es una y de noche una otra. Entre los bajos de los elegantes edificios restaurantes y tiendas camuflan un bar mítico de la noche madrileña: el Toni 2. La discreción diurna de este barrio envuelve un misticismo que hay que vivir para apreciarla, si las farolas de esta calle hablaran… Entre las historias de las direcciones de esta afamada vía madrileña figuran nombres de grandes creativos como Jesús del Pozo (diseñador) y Alberto Campo Baeza (arquitecto).

Un restaurante.

Murillo Café. Aunque podría ser la embajada de Venezuela en Madrid por excelencia, ese aire tan español moderno me impide presentarlo así. En sus mesas se sienta la crema y nata de la sociedad madrileña para disfrutar de la exquisita comida en su acogedor ambiente característico del Bistró del Prado. Calidad y buen gusto se funden en todos los detalles del restaurante y el resultado es excepcional. Calle de Ruiz de Alarcón, 27  28014 Madrid.

Una tienda.

Diana Viaji. Este gran establecimiento rinde culto a una de las tradiciones arraigadas en España: la caza. La tienda propone la caza, además de una tradición milenaria, como un estilo de vida y en ella se pueden apreciar un sinfín de objetos que aluden al tema. Además de encontrar en este lugar todo tipo de artículos necesarios para practicar este deporte, dispone también de obras de arte (pintura y escultura) y piezas de decoración alusivos a la caza mayor y menor. El elegante recinto posee una variedad de trofeos que decoran los espacios perfectamente organizados y hacen que la experiencia sea completa. Juan Bravo, 42 28006 Madrid.

Un barrio.

La Latina. El antiquísimo Madrid de los Austrias es un punto de referencia para turistas y locales que visitan el barrio por su extensa oferta gastronómica y el ambiente (siempre animado) de su gente. Tanto de día como de noche en este vivaz vecindario se puede encontrar gente paseando. Los domingos es el día de más movimiento, pues además del mítico rastro dominical de La Latina es la tarde del último día de la semana en el que se antoja un plan informal y divertido como tomar unas cañas por estos lares.

Una tapa.

Pollo empanizado con ensalada de rúcula a la mostaza antigua. Uno de los últimos descubrimientos del barrio más elegante de la ciudad: Morao. La simpática terraza sobre la acera de la calle Velázquez fascina a vecinos y visitantes con sus sillas parisinas de color que no podía ser otro, morao. Entre las tapas ‘de toda la vida’ se pueden encontrar algunas novedosas como la citada anteriormente, todas buenísimas. Calle Velázquez, 40

28001 Madrid.

Un bar.

El Toni2. El mítico bar escondido de día bajo las copas de los arboles de la calle del Almirante se convierte, al salir la luna llena, en una cápsula del tiempo. Los años no pasan por el mejor bar de todo Madrid (ni por sus habituales) y el enorme piano de cola es el punto de reunión para trasnochados y aficionados al canto. Eso sí, todos con copa en mano y la mejor actitud de pasarlo ‘pipa re-pipa’. La sala de mis abuelos (sus amigos incluidos) es la mejor referencia para este surreal y fantástico ámbito madrileño en el que se canta tanto a Joaquín Sabina como a Frank Sinatra. Toca la que te salga de los cojones, Toni. Calle del Almirante 9, 28004 Madrid.

Una bebida.

Como bien retrata Sabina a su Madrid en sus letras, Madrid es ‘el mar dentro de un vaso de ginebra’ y a las Gin-tonic en punto la cita es en el Ten con ten. La gran barra y los expertos barman reciben a lo más selecto de la alcurnia para preparar uno (o varios) de los gin tonic’s de la larga y variada carta que poseen (ginebras inglesas, españolas, americanas, etc). El ambiente es siempre animado y los convidados a la enorme barra degustan el delicioso aperitivo siempre sonrientes. Al final del día: ‘Todo en la vida es un ten con ten’. Calle de Ayala 6, 28001 Madrid.